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Análisis / España y los tier 1


 
Aunque a muchos de los que acaban de empezar a construir su pasión con el rugby a través del XV del León les pueda sonar raro, hubo una época en la que España se midió a selecciones que hoy conforman ese apartheid rugbístico que se llama "tier 1". No es mi intención en este análisis recorrer uno por uno cada partido, pero sí que es intentar llegar al fondo de qué ocurre hoy en día para que esas oportunidades hayan desaparecido.

El XV del León se ha enfrentado en distintos momentos de su historia a seis selecciones nacionales de aquellas que se agrupan hoy en día en ese selecto club: Argentina, Italia, Gales, Escocia, Australia y Sudáfrica. Quitando a Italia, cuyos partidos históricamente han sido más habituales por los torneos FIRA (a excepción del clasificatorio de 2002), el resto han sido ocasiones muy contadas, pero que ahí quedan: los partidos contra Argentina, en 1982, 1987 y 1992, y el de Australia, en 2001 -que formaban parte de giras-, y los enmarcados en ciclos mundialistas (contra Gales, 1994, en los clasificatorios; y contra Escocia y Sudáfrica, en el Mundial de 1999).


El inicio del apartheid oval

No hay que llevarse a engaño. Solo fue en noviembre de 2004 cuando, en su Plan Estratégico, la International Rugby Board instaura el régimen de separación, aglutinando en esa primera división a los equipos del entonces joven Seis Naciones, los miembros de la SANZAR y Argentina. Se podría decir que, técnicamente, España no se ha enfrentado nunca a un tier 1.

La realidad es que España, a pesar de ser una de las fundadoras de la FIRA (tanto con la federación nacional como con la catalana por separado), parece que nunca ha tenido el peso institucional definitivo que permitiera mantener el nivel posterior al cisma de la FFR-FIRA (1931), primero, y al del apartheid del tier 1, después.

Uno de los casos que más evidencian esta última casuística es Francia, a la que no he contabilizado dentro de los seis equipos de los que hablo. ¿Por qué? Por el simple motivo de que la FFR nunca ha considerado ningún partido contra España como completamente oficial en lo que a ellos respecta. Desde el primer enfrentamiento, en 1927, el equipo que se enfrentaba al español ya se denominaba Francia XV. Luego, más tarde, llegarían Francia B y Francia Amateur. Es decir, España nunca se ha enfrentado a una Francia que otorgase caps a sus jugadores, independientemente de que España, y con lógica, si lo hiciera.

Una de las tres ocasiones en las que España ha jugado contra Argentina (sin apellidos). Madrid, 1992

Selecciones con apellidos

Este modelo se ha venido repitiendo demasiadas veces, nadando entre la sensación de responsabilidad de federaciones infinitamente más poderosas y cierta arrogancia. Así, a lo largo de la historia, infinidad de XV (esa coletilla que se usa para definir partidos amistosos frente a equipos o ciertos combinados no nacionales, pero que aquí distingue la élite de lo mundano), B, Emerging y demás han ido pisando nuestros campos y nosotros los suyos.

Un ejemplo claro de esto es el mencionado clasificatorio contra Gales. Aquel fue un partido "absoluto", probablemente por tratarse de un partido oficial y antes de la profesionalización de 1995, pero hasta ese momento, Gales había jugado contra España como Gales XV (1983) y Gales B (1985). Y, cómo no, en este apartado cae una de las mayores faltas de respeto que se ha vivido: el clasificatorio para el Mundial 1999 contra Escocia. A diferencia del partido contra Gales y ya en pleno profesionalismo, Escocia jugó como Escocia XV, ya que la federación británica no vio demasiado reto en ello y, a pesar de mandar algunos jugadores históricos, ninguno de estos ni el resto sumó caps en este partido. En el encuentro de la fase de grupos del Mundial sí que sumaron. Hasta ese momento siempre había sido Escocia XV (1986, 1987, 1995 y la mencionada 1998) y Escocia A (1990 y 1991).

Italia, que incluso el partido de Valladolid de 2002 lo jugó como Italia, cambió tras su inclusión en el Seis Naciones. Pasaron doce años hasta que España volvió a jugar contra un seleccionado italiano, en Tiflis, contra Emerging Italy. Algo similar ocurrió con Argentina, con la que se disputaron partidos "absolutos" en los ochenta y noventa, y que en la siguiente ocasión que se enfrentaron los Leones con una selección absoluta argentina, lustros después, ésta lo hizo, y lo sigue haciendo, como Argentina XV.

Un caso excepcional fue la visita de Australia en 2001. Previamente, en 1990, un combinado denominado Emerging Wallabies jugó en Madrid contra España, pero no fue hasta que empezó el nuevo siglo cuando se tuvo la oportunidad de enfrentarse a una Australia "completa". Aquella Australia era la campeona del mundo por entonces, y vino con su equipo de gala. El gesto de acudir sin apellido, en plena era profesional, honró su visita. 


Privilegios del sectarismo

En ningún caso, la inclusión de apellidos, siglas o diferenciación parece ser un hecho que distinga a estas selecciones absolutas de la "selección más absoluta": históricamente han participado jugadores que ya eran "absolutísimos", bloquean elegibilidades como si fueran selecciones absolutas y, sin embargo, van cargadas de un simbolismo propio del sectarismo.

Solo al antojo de World Rugby, un equipo que no está en el grupo de cabeza tiene la posibilidad de disputar partidos contra ellos. Incluso en competiciones sancionadas por World Rugby, como la Nations Cup o el Americas Rugby Championship, se permite que una selección juegue como XV o Emerging, sin acreditar caps a sus jugadores, sin arriesgar puntos en el ranquin, pero con todo el beneplácito para bloquear jugadores. Es decir, se disfrutan privilegios y se mantiene el statu quo.

Entonces, ¿cómo se reparte la responsabilidad en la situación actual? Está claro que, a día de hoy, la segregación de World Rugby -que se mueve solo al antojo deportivo cuando este es muy claro (caso de Fiyi, Georgia o Japón) pero, sobre todo, del económico-, tiene una parte de culpa. Y ahí está el fiasco de la Copa de Naciones. Parece, pues, imposible que España acceda a un partido al año, ¡uno!, contra un tier 1, a pesar de la esperanza de ver a Italia -que siempre está ahí como engarce, lo mismo jugando contra Nueva Zelanda que contra Georgia-, disputando este otoño un partido contra Uruguay.

NZ Maorí, de los mejores apellidos que uno puede recibir. Sevilla, 1988.

Causas y causantes

Puede decirse que existe una responsabilidad compartida con la Federación, que no ha conseguido aprovechar ninguna de las opciones que se han ido dando, fueran estas en forma de Mundial, en 1999, o de casi Mundial, en 2018. Tampoco ha incrementado su peso en las instituciones, a pesar de ser, teóricamente, un mercado atractivo con un rendimiento en lo deportivo notorio.

Aun así, no es todo cuestión de oficialidad, siglas o repeto; es un derecho deportivo. Asumamos que con el escenario que hay hoy, España tiene muy difícil enfrentarse a algo más que equipos oficiales de grandes potencias, aunque no "absolutísimos". Pero la calidad que atesoran estos combinados son, a día de hoy, buenas pruebas para nuestro seleccionado.

Sin embargo, llegar tarde al tren del profesionalismo, el depotismo y una gestión mejorable en las relaciones institucionales han hecho que solo podamos disfrutar de ello muy de vez en cuando (no olvidemos que el ultimo partido en casa contra un equipo oficial de un tier 1 fue en 2017, contra England Counties, ni siquiera el segundo equipo de Inglaterra).

Solo por esos motivos puede explicarse cómo España pudo disfrutar, en 1982 y 1988, de la visita de una Nueva Zelanda Maorí repleta de All Blacks o jugar contra las Escocias de múltiples apellidos en 1986, 1987, 1990, 1991 y 1995. También lo hizo varias veces contra Argentina, emergente ya por entonces, y con su mejor equipo, y contra el segundo equipo de Inglaterra en 1988, 1989, 1991 y1993. Y, ahora, poco o muy poco.

Esto va de hacerse valer, de entender que el rugby ha cambiado -para bien o para mal- y que el presente y el futuro pasa por comprenderlo para aprovecharlo. Es cierto que ya no estamos en los ochenta y los noventa, donde venían equipos potentes de las grandes selecciones y donde casi todos se jugaban la clasificación al Mundial independientemente del color de la camiseta. Eso ya ha pasado. Ahora existen, incluso, más barreras. La época de España contra equipos de los tier 1 pasó sin que los rivales supieran siquiera que ellos eran tier 1. Está en manos de quién gobierne esto el luchar por hacer caer este apartheid que, curiosamente, impera desde 1995.
 
 
 Texto  Álvaro de Benito   Fotos  Tornarugby, Archivos FER


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