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Los Leones sufren, pero se traen la victoria de Ámsterdam (18-20)

El XV del León a punto estuvo de dejar escapar de las manos un partido que tenía bien controlado hasta el minuto 60 y se libró por los pelos de una derrota que hubiera supuesto un duro varapalo en el arranque del
nuevo seleccionador. La falta de oficio para dormir el partido en la segunda mitad fue clave para que los holandeses, con más intensidad que rugby, a punto estuvieran de llevarse la victoria.

Arrancaba de manera oficial la era Bouza, y por ende, el camino, desde el año que viene, hacia el gran El Dorado del rugby español el Mundial de Rugby, en este caso, Australia 2027. Lo hacía frente a un rival y en un escenario a priori poco apetecible para tener un estreno plácido: la Países bajos del antiguo internacional galés y ex seleccionador ruso Lyn Jones, un conjunto cuyo desempeño creció exponencialmente la pasa temporada, y que se hace muy complicado de batir en su feudo, lugar de infausto recuerdo para el rugby patrio por varios motivos que no hace falta rememorar.

De salida, la apuesta era valiente, con mucha gente joven y con capacidad para abarcar mucho campo tanto en defensa como en ataque, por lo que la apuesta por un rugby fluido parecía garantizada. Pero luego, sobre el verde, la delantera se diluyó como un azucarillo en los contactos. Solo Titi y Brice Ferrer ganaban metros y daban posibilidad de jugar bolas rápidas. 

El resto, con alguna excepción puntual, apenas ganaba metros y requería muchos compañeros para limpiar los untos de encuentro, imposibilitando usarlos para desplegarlos sobre el campo, y generando rucks muy lentos que permitían a los holandeses recolocarse y presionar sin problemas. Una verdadera pena, porque cada vez que salían balones medianamente rápido Kerman les generaba muchos problemas tanto moviendo de cerca como jugando lejos

En defensa nos mostrábamos más solventes pese a la falta de contundencia, ocupando bien los espacios y saliendo a defender muy bien y con muchas ayudas por los exteriores. Salvo una colada de Siem Noorman en la primera parte, apenas generaron nada de peligro en todo el partido. Y es que Países Bajos ha mejorado mucho en físico, en organización defensiva y en intensidad y agresividad, pero le queda todavía mucho margen de mejora en su juego de ataque.

La solvencia defensiva dio confianza al equipo, que merced a dos genialidades de Martiniano Cian, una generando un contraataque de manual y otra aprovechando un buen movimiento de Kerman Aurrekoetxea a la salida de un ruck cerca del eje, apoyadas por el acierto con el pie de Bauti Güemes, llevaron al XV del León a marcharse con un 6-20 al marcador que nada hacía presagiar lo que iba a pasar en los últimos veinte minutos.

La segunda mitad discurrió por similares parámetros que la primera, con la salvedad de que los locales elevaron la intensidad en los contactos y poco a poco fueron adueñándose del control del ritmo del partido, haciendo pequeños a unos jugadores españoles que ya comenzaban a mostrar síntomas de agotamiento.

El momento clave del partido llegó con el ensayo que ponía el 11-20. Hasta ese momento, los jugadores españoles habían contenido el juego holandés, pero tras recibir el primer ensayo en contra el equipo se vino un poco abajo. Los holandeses supieron leer mejor el criterio arbitral y comenzaron a sacarle rédito. Los últimos veinte minutos fueron suyos. La segunda y la tercera línea comenzaron a ganar la línea de ventaja constantemente, obligando a la defensa española a retroceder y recolocarse muy rápido. En el haber de los nuestros, hay que decir que, aún cuando peor lo tuvieron, no perdieron la compostura, y que pese a que no se placaba con contundencia, sí que se derribaba rápido y todos los jugadores se esforzaban al máximo por volver a presionar y a cerrar huecos. El equipo supo sufrir y sobrevivir a unos diez últimos
minutos en los que el criterio arbitral fue, cuanto menos, controvertido. En la última jugada, cometimos una infracción en un ruck cuando Brice Ferrer intentaba salir de 22 con el balón. Los neerlandeses tuvieron en el pie de Du Plessis el partido, pero era una patada esquinada y con mucho viento, el balón no entró entre los tres palos.

La era Bouza comenzaba con una victoria. Sufrida, pero victoria. El sabor de boca no fue muy bueno y con nuestro habitual pesimismo ya comenzábamos a tirar piedras a nuestro tejado de nuevo, hasta que de repente el final de la tarde deparó un Bélgica 10-6 Portugal. Y la tarde del domingo, un Polonia 8-20 Rumanía y un Alemania 17- 28 Georgia. Todos los rivales que jugaban en casa eran y son, teóricamente, inferiores a los neerlandeses, y les habían o ganado o puesto mucha resistencia a selecciones que teóricamente están muy por encima o a la par que nosotros. Igual es que dentro de lo mal que jugamos nosotros supimos sufrir. Igual es que hicimos alguna cosa bien. Igual es que necesitamos tiempo para carburar y no se nos puede juzgar tan pronto.

 

Texto: Víctor García / Fotografía: Gabriel Boia / FER

 

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