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Rumbo a Australia (VIII): López-Bontempo: un 12 con recursos de 10

 


Nacido en Argentina el 10 de febrero de 2000, Gonzalo López-Bontempo llegó a España con apenas cinco años. Empezó a jugar al rugby en Alcalá de Henares, dentro del ambicioso proyecto del Hercesa. La desaparición del club, tras la retirada de su principal patrocinador, no acabó con el rugby alcalaíno. El actual Rugby Alcalá recogió el testigo y Gonzalo continuó allí hasta incorporarse a Alcobendas en categoría sub-16. Con 17 años se marchó a Francia, donde pasó por las estructuras formativas de Biarritz y Brive. Otro producto de la prolífica cantera de Alcalá, como Iñaki Mateu, al que analizaremos próximamente. 

Su estreno en el rugby sénior francés llegó con Limoges, en Fédérale 1. Después jugó en Rennes, primero en Nationale y más tarde en Nationale 2. En 2024 fichó por Massy y regresó a Nationale, tercera categoría del rugby francés, en la que sigue compitiendo. Todavía no ha llegado a Pro D2. A mí me parece que tiene condiciones de sobra para jugar ahí, aunque las lesiones se han cruzado varias veces en su camino y quizá hayan frenado su progresión. Es difícil saber hasta qué punto. Tiene 26 años y tiempo para dar ese salto. 

Debutó con la selección absoluta el 5 de noviembre de 2022, ante Tonga, en Málaga. Para entonces ya acumulaba bastante recorrido con las categorías inferiores de España: bronce europeo sub-18 en 2018 y subcampeonato de Europa sub-20 en 2019, después de perder una final muy ajustada contra Portugal (7-5). En aquella final jugó como primer centro, posición que conoce bien, aunque en las inferiores también había actuado de apertura. Santiago Santos lo alineó de inicio ante Tonga con el 12, junto a Iñaki Mateu. Desde entonces ha ido ganando peso, primero con Santos y después con Pablo Bouza, hasta hacerse un sitio importante en la España que logró la clasificación para Australia 2027.

 

Una solución fiable en el 10, mucho más en el 12

España lo ha utilizado en las dos posiciones. Como apertura ofrece muchas garantías: lee y ejecuta rápido, puede jugar con la defensa encima y tiene fortaleza para atacar los intervalos. Y posee un pie largo descomunal. Por potencia y alcance, es capaz de sacar al equipo de campo propio, buscar la tercera cortina rival o llevar el balón a una touch adelantada desde la que presionar el lanzamiento contrario. No es únicamente un recurso de emergencia. 

No suele entretenerse con el balón. Recibe, interpreta y elige. La conocida triple amenaza —carrera, pase o pie— es real en su caso: puede recurrir a cualquiera de las tres opciones incluso cuando los defensores están ya muy cerca. Por eso me parece una alternativa muy seria si faltan los aperturas nominales. España puede ponerlo en el 10 sin alterar demasiado su manera de jugar. 

Pero a mí me interesa todavía más en el 12. Tiene una potencia extraordinaria para atacar la línea. El tren superior es muy fuerte, sí, pero tampoco conviene olvidarse de sus piernas: tiene unas patas impresionantes. Corre vertical, con zancada larga, y gana metros antes del contacto y también una vez que lo recibe. Cuando decide ir de frente, cuesta mucho pararlo.

Reducirlo a un centro de choque, sin embargo, sería quedarse muy corto. Traslada al primer centro esa misma triple amenaza, que desde ahí resulta especialmente incómoda para la defensa. Puede atacar el intervalo, distribuir hacia fuera o enlazar con una plataforma de delanteros; y no necesita enseñar de antemano qué va a hacer. España gana así un segundo lanzador que, además, obliga a respetar su carrera. 

El pie tampoco desaparece por llevar el 12. Le permite participar en la gestión territorial, buscar la touch o castigar la espalda de una defensa que sube agresivamente. El defensor exterior no puede anticipar con tanta libertad y la cobertura del fondo debe vigilar una patada que puede salir de un punto poco habitual. Ni siquiera hace falta que Gonzalo la utilice: con que el rival tenga que contar con ella, ya está condicionando su respuesta.

 


Un placador de libro

En defensa hay otra de sus grandes virtudes. López-Bontempo es un magnífico placador frontal. Entra bien con el hombro, aprovecha la fortaleza del tronco y, sobre todo, sigue trabajando con las piernas después del primer impacto. No se conforma con chocar: busca terminar el placaje y cortar el avance.

Personalmente, junto con Álvar Gimeno me parece uno de los placadores más plásticos de la selección. De esos en los que se aprecia el gesto completo, desde la colocación hasta la finalización. Su presencia refuerza los canales del 10 y del 12, a los que muchos rivales dirigen sus primeros contactos para tratar de imponer su superioridad física.

Y aquí conviene recuperar lo que vimos de Gimeno en el artículo anterior. Comparten un tipo de amenaza parecido, aunque con matices técnico-tácticos distintos, y Bouza puede alternarlos como primeros centros según el rival. También puede juntarlos. Lo hizo en la semifinal europea de 2026 contra Portugal, con López-Bontempo de 12 y Gimeno de 13. España perdió 26-7; aquel día la prueba no salió bien. Pero la pareja tiene argumentos para cerrar los canales centrales y presionar con contundencia a los primeros receptores rivales.

A eso se añade lo que ofrecen desde el banquillo. Introducir a cualquiera de los dos durante un partido permite reforzar la defensa, dar más contundencia al contacto o cambiar el registro ofensivo. En un Mundial, con rivales tan distintos, esa flexibilidad cuenta.

 

El primer centro como lanzador del juego

Hay una variante ofensiva que hemos visto últimamente en España e Iberians y para la que Gonzalo encaja muy bien: utilizar al 12 como primer receptor y lanzador del juego, dejando al apertura para intervenir después. Pasó con Iñaki Mateu frente a Países Bajos en el Campeonato de Europa de 2026. En algunas secuencias, el 12 recibía primero y Gonzalo Vinuesa aparecía en una segunda cortina. También hemos visto a Raúl Pérez emplear esa solución en Iberians con Yago Fernández, el propio Mateu o Álvar Gimeno.

La idea va bastante más allá de apartar al 10 de una defensa que le llega encima. El primer centro recibe del medio de melé y puede conectar con un grupo de delanteros, atacar él mismo o distribuir hacia una segunda cortina. Cambia el origen del ataque y con él las referencias de la defensa. El apertura, mientras tanto, puede aparecer por detrás, con más tiempo para interpretar lo que ha ocurrido delante, o reservar su intervención para la fase siguiente.

Eso sí, el primer receptor tiene que ser una amenaza de verdad. Si el 12 se limita a soltar el balón y los apoyos no llegan acompasados, la defensa seguirá la jugada sin demasiados problemas. Cuando puede correr, fijar y ganar el contacto, obliga a los defensores a respetarlo; ahí empiezan a aparecer mejores condiciones para quienes vienen por detrás.

López-Bontempo reúne esas condiciones y suma su experiencia como apertura. Puede enlazar con las plataformas de delanteros o con los compañeros situados a su espalda sin perder presencia en la primera línea de ataque. Gimeno también tiene recursos para hacerlo, aunque con otro tipo de carrera y sus propios matices. Si Bouza quiere trasladar a la absoluta parte de lo que Raúl Pérez viene trabajando con Iberians, dispone de dos opciones muy interesantes.

 

Un pie que ha ganado partidos

Y después está su capacidad para sumar puntos. López-Bontempo ha sido decisivo en algunas de las mejores victorias recientes de España. En la semifinal del Campeonato de Europa de 2025, contra Portugal, anotó 27 de los 42 puntos españoles: siete golpes de castigo y tres transformaciones. Los Leones ganaron 31-42 en Lisboa y se metieron en la final. Unos meses después aportó 16 puntos en la primera victoria de España frente a Estados Unidos, incluido un ensayo y un golpe que devolvió algo de margen al marcador cuando los norteamericanos se habían colocado a un punto. Apenas una semana más tarde, ante Canadá, asumió con el tiempo cumplido el lanzamiento que dio a España el triunfo por 23-24.

En esos tres encuentros hizo 55 de los 97 puntos del equipo. Más de la mitad de los anotados por la selección. Una barbaridad, sobre todo por lo que había en juego. Pero casi me impresiona más que haya respondido cuando fallar significaba perder. El golpe de Edmonton dice bastante del tipo de ejecutor que es. 

Su radio de acción también llama la atención. Contra Fiyi, en noviembre de 2024, convirtió un golpe desde unos 55 metros; en la final europea de 2025 frente a Georgia llegó a anotar desde más de 60. Para España eso abre posibilidades muy serias ante rivales superiores físicamente: una infracción cerca del mediocampo puede traducirse en tres puntos sin necesidad de ir a touch y construir otra secuencia larga.

También cambia las cuentas de la defensa contraria. Una penalización que en otro partido costaría poco más que territorio, contra España puede acabar directamente en el marcador. En encuentros cerrados, con pocas oportunidades, ese alcance ofrece otra manera de competir. Y no es poca cosa.

 


¿Dónde aporta más?

Con un jugador así, el debate sobre la posición es inevitable. Hay quienes lo ven como alternativa para la apertura, incluso como segundo o tercer 10 de España, y quienes prefieren reservarlo para el primer centro. Ambas posturas tienen argumentos, pero conviene separar lo que necesita la selección en un momento concreto de dónde puede sacar más partido a sus condiciones. Durante los ciclos internacionales esa elección no siempre es puramente deportiva. Entre compromisos con los clubes, lesiones y otras ausencias, España rara vez dispone de todos sus efectivos. A veces no juega cada uno donde más puede aportar, sino donde más falta hace.

Pensemos en el presumible enfrentamiento decisivo contra Portugal del próximo Rugby Europe Championship. Si Lucien Richardis está disponible, podríamos ver a un apertura específico con López-Bontempo en el 12. Pero ¿y si Agen no libera a Richardis? En un partido de esa exigencia, Gonzalo podría ser la opción más fiable para dirigir el ataque. Güemes ofrece el perfil de un apertura puro y es otra alternativa a tener en cuenta, mientras que Cittadini, con condiciones muy interesantes, necesita todavía acumular horas de vuelo. Quizá sea pronto para cargarle con la conducción de España en un encuentro decisivo.

En el Mundial el escenario debería ser distinto. En principio habrá más opciones de reunir a todos los seleccionados y elegir las combinaciones por motivos deportivos, no tanto para tapar ausencias. Y ahí yo me inclino por el 12. No porque dude de Gonzalo como apertura, donde me parece perfectamente solvente, sino porque lo veo más como un ejecutor que como un generador de juego. Conviene explicar la diferencia: sabe organizar, interpretar y moverse dentro de un ataque estructurado, pero creo que destaca especialmente al identificar y ejecutar la solución que pide la jugada, más que al asumir de manera permanente la construcción y dirección del juego.

Eso no significa que elegirlo de 10 sea un error, ni mucho menos. Pienso en partidos con un intercambio constante de patadas, donde la gestión territorial pese mucho; en rivales que carguen especialmente el canal del apertura, o en ataques que necesiten una salida más directa cuando el balón se queda atrapado en el contacto y cuesta darle continuidad. En esos escenarios sus condiciones pueden inclinar la elección hacia él, incluso habiendo otros dieces disponibles.

También depende de quién juegue a su lado. Con Álvar Gimeno de primer centro, López-Bontempo puede ocupar el 10 sin que España renuncie a la potencia, la verticalidad o a un segundo jugador capaz de distribuir. Los dos comparten parte de ese repertorio, aunque lo interpretan de manera distinta. Y en el juego al pie la diferencia es clara: Gonzalo dispone de un recurso verdaderamente excepcional. Esa pareja de 10 y 12 tiene argumentos de sobra para funcionar.

Aun así, creo que en el primer centro su valor para el conjunto se multiplica. No solo por su carrera o por ese papel de lanzador que ya hemos visto, sino por la libertad para intercambiar responsabilidades con el apertura. Puede permutar posiciones y asumir la salida desde campo propio si el 10 no está en condiciones de ejecutar la patada, o simplemente para alternar los puntos de pateo y complicar la lectura de la presión rival. También puede hacerlo desde el 12, con el juego ya lanzado y la defensa subiendo sobre el primer receptor. Son situaciones distintas: en ambas puede buscar la tercera cortina o una touch ventajosa sin obligar a España a situarlo permanentemente de apertura.

Por eso me parece tan valioso en un torneo largo. Como 10 ofrece garantías y hay partidos en los que puede ser la mejor opción; como 12 añade recursos poco habituales en esa posición y permite más combinaciones sin perder solidez en el centro del campo. Habrá quien prefiera verlo de apertura, y argumentos no le faltarán. Bendito debate para Pablo Bouza.

 

Un jugador para el siguiente paso

España ha crecido mucho, pero todavía le falta regularidad frente a selecciones a las que ya ha demostrado que puede ganar. Y hay otras, un escalón por encima, contra las que necesitamos competir mejor y durante más tiempo. Creo que es precisamente en ese terreno donde un jugador como López-Bontempo puede marcar diferencias.

No va a resolverlo todo por sí solo. Pero le da a Bouza margen para cambiar el equipo según el rival, reforzar los canales centrales, jugar con dos lanzadores o buscar puntos desde distancias que para otros pateadores quedan fuera de alcance. Mientras llega o no ese salto a Pro D2, España ya dispone de un jugador muy útil para lo que viene. Camino de Australia 2027, no es poca cosa.

 

Texto: Víctor García / Fotografía: Domingo Torres, Soraya Sainz 

 

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