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Análisis / 10 cosas que nos deja iberians en la Tbilisi Cup:

 


Después de tres partidos seguramente tiene menos sentido volver a hacer un análisis exhaustivo del 45-19 ante Griquas que levantar un poco la cabeza y mirar qué ha ido pasando durante toda la Tbilisi Cup. Porque hay cosas que aparecieron ya contra Pumas, otras que empezaron a verse con más claridad ante Cheetahs y algunas que terminan de confirmarse en el último partido. No creo que hayamos asistido a ninguna revolución, ni falta que hace. Lo interesante es que el equipo ha ido creciendo dentro de una misma propuesta, corrigiendo cosas a partir de la experiencia anterior y encontrando respuestas conforme aumentaba la exigencia.

1. MENOS HOMBRES COMPROMETIDOS Y UNA PRESIÓN MEJOR SELECCIONADA

No ha habido un cambio de sistema defensivo como tal, sino una evolución del mismo a partir de la experiencia acumulada en los partidos anteriores. Iberians ha ido aprendiendo a responsabilizar mucho más individualmente al defensor, a resolver antes la acción alrededor del placaje y, sobre todo, a comprometer menos hombres en los puntos de encuentro. Esa economización fue especialmente visible contra Griquas y permitió, mientras duró la gasolina porque el ritmo del partido fue altísimo, seleccionar mucho mejor cuándo y dónde presionar.

Probablemente fue el partido en el que mejor atacamos desde la presión defensiva. No se trataba de subir por subir, sino de conservar suficientes hombres en la línea para poder elegir el momento, cerrar espacios y castigar la recepción del rival. Y tuvo mérito porque Griquas volvió una y otra vez a intentar hacernos daño en los canales intermedios, atacando en vertical con jugadores capaces de ganar metros individualmente antes de volver a mover el balón. Durante muchos minutos conseguimos contenerlo sin descomponernos, precisamente porque el punto de encuentro dejó de absorber defensores innecesariamente y la línea pudo mantenerse más poblada, conectada y con mayor capacidad para decidir dónde acelerar la presión.

2. EL SIGUIENTE RETO: SOSTENER UNA EXIGENCIA DEFENSIVA COMBINADA

Iberians ha vuelto a demostrar que puede defender bien el juego de circulación, incluso cuando el ritmo es alto. Mientras hubo gasolina conseguimos desplazarnos, mantener esa economía de hombres alrededor del punto de encuentro y perseguir al rival por todo el ancho del campo sin perder demasiada gente por el camino. Cuando Griquas buscó además el desafío frontal, Alvar Gimeno e Iñaki Mateu respondieron muy bien en el uno contra uno.

El siguiente reto está en ser capaces de defender todas esas cosas a la vez: circulación, desplazamiento y ataque frontal por diferentes canales. No basta ya con estar preparados para perseguir al rival de lado a lado, porque eso hemos demostrado que podemos hacerlo bastante bien; hay que soportar que, en mitad de esa circulación, el rival te castigue en vertical, te obligue a chocar y acto seguido tengas que volver a desplazarte para defender la siguiente acción.

Ese correr, chocar, volver a correr y volver a chocar eleva muchísimo la exigencia. Ahí todavía tenemos margen para conseguir mantener la economía de hombres, meter más presión y sostenerla durante más minutos.Si contra Pumas sufrimos mucho durante todo el partido por este motivo, contra Griquas, que considero era mucho más exigente, puesto que al plan colectivo añadía más iniciativa individual, pudimos solventar este problema durante un tramo considerable del mismo, pero cuando empezó a caer el físico también cayó nuestra capacidad para responder a esa combinación de amenazas. Veníamos además de tres partidos durísimos, que tampoco es un dato menor. Si este torneo servía para medir nuestra frontera, una de ellas está ahí.

3. LA CALIDAD DEL CONTACTO OFENSIVO HA IDO CRECIENDO

Una de las evoluciones más evidentes durante los tres partidos ha estado en cómo atacamos el contacto, especialmente delante. Hemos ido siendo más móviles, buscando mejor el intervalo y yendo menos al bulto porque sí. Cuando no queda más remedio que jugar sobre el defensor también se ha visto una intención mayor de entrar abajo, conservar y no transformar cada colisión en una batalla de fuerza que no siempre nos interesa.

Hay varios jugadores que personifican bastante bien esa evolución. Lucas Santamaría desde un registro más cerrado, dando estabilidad en esas plataformas de impacto de primeras y segundas líneas; Vicente Boronat y Valentino Rizzo desde otra concepción, mucho más móvil, propia del flanker o del ocho que intenta atacar primero el intervalo y después fajarse para terminar de ganar metros. Y entre los tres cuartos, Alvar Gimeno, un jugador absolutamente capital por el concepto tan acusado que tiene de la verticalidad. Gimeno es vertical siempre, con espacio y sin espacio; sabe acelerar casi de la nada, entrar al punto de contacto y darle al equipo avance cuando no hay demasiado más construido alrededor. Siempre ha tenido esa capacidad, pero ahora está además en un muy buen momento de forma, acoplado al sistema y sabiendo perfectamente qué necesita el equipo de él.

Ahora bien, cuando subes las revoluciones aparecen también problemas nuevos. Hemos cometido golpes por retenido que no siempre han tenido que ver únicamente con que el portador se quede completamente aislado. A veces ha habido una mala sincronización con los apoyos, otras se ha querido guardar demasiado el balón antes de presentarlo y también hemos llegado demasiado frenéticos a algunos puntos de encuentro. Hay que pulirlo, definir mejor por dónde se limpia y ajustar el momento de llegada. La mejora existe, pero precisamente ahora que somos capaces de jugar más rápido toca conseguir que esa velocidad no termine convirtiéndose en precipitación.

4. NO ERA CHOCAR MÁS FUERTE, SINO LLEGAR MEJOR AL CONTACTO

El partido contra Pumas seguramente nos enseñó bastante pronto que la solución no podía ser intentar chocar más fuerte, porque damos por sentado que cualquier jugador que entra al contacto lo hace con toda la intensidad que tiene. La cuestión era otra: cómo conseguir que llegara a ese contacto en mejores condiciones. Ahí entran el lanzamiento desde el nueve o desde el diez, el momento del pase, acompasar la carrera del receptor, su posición corporal y conseguir que balón y jugador lleguen prácticamente a la vez al espacio que queremos atacar.

Y aquí la progresión durante los tres partidos ha sido bastante clara. Frente a Pumas nos atascamos mucho más en ese contacto lento, pesado, que termina necesitando demasiados hombres para conservar y condiciona la fase siguiente. Contra Cheetahs, quizá también porque su defensa nos dio algo más de margen, pudimos empezar a jugar con más libertad, con más jugadores lanzados y pases más planos. Pero es contra Griquas, con un nivel de exigencia mayor y un rival en bastantes registros similar o superior a Pumas, donde se comprueba que aquello ya no era simplemente consecuencia de que el rival te dejara jugar.

Iberians ha ido aprendiendo a lanzar mejor a sus jugadores en movimiento y a darle mayor amplitud al contacto. Se ha visto con Lucas Santamaría en los contactos más cerrados, con Boronat y Rizzo atacando el intervalo, con Pau Aira y Cian llegando lanzados sobre el espacio y otra vez con Alvar Gimeno, capaz de convertir una recepción aparentemente neutra en avance. También hemos utilizado al tres cuartos como puente para volver a lanzar el juego y facilitar ese pase plano al siguiente receptor. Pumas nos enseñó el problema, Cheetahs nos permitió explorar mejor la solución y contra Griquas comprobamos que podíamos mantenerla cuando subía de verdad la exigencia. No era cuestión de poner más fuerza en el contacto, sino de fabricar mejores condiciones para llegar a él.

5. EL ORDEN COMO PUNTO DE PARTIDA

Al orden muchas veces se le achaca monotonía, falta de brillantez o pobreza de ideas. Pero el orden es otra cosa. Sin un juego ordenado, con patrones claros y referencias compartidas, es muy difícil construir nada después. Saber qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo según la zona del campo, el momento del partido y lo que ofrece el rival es el ABC para empezar a levantar un juego.

Y aquí hay una idea que lleva mucho tiempo flotando alrededor de España y también de Iberians, principalmente cuando no ganamos o cuando el partido no es demasiado bonito: “es que no jugamos a nada”. Pues no necesariamente. Muchas veces ese acumular fases, chocar en determinadas zonas, recurrir varias veces al pie o no acelerar porque sí forma parte precisamente de una lectura. Puede gustar más o menos y puede salir mejor o peor, pero no jugar a nada es otra cosa. No jugar a nada es convertir un partido de ochenta minutos en un correcalles, hacer veinte minutos extraordinarios y después perder el control durante cuarenta, vivir permanentemente en un rendimiento de dientes de sierra esperando que alguien resuelva algo o a que la defensa se desordene porque sí. Eso a veces es vistoso y da sensación de frenesí, pero en absoluto es siempre signo de algo positivo.

En eso Iberians ha demostrado bastante orden y una toma de decisiones reconocible. Contra Griquas, por ejemplo, dos ensayos nacen de utilizar el cerrado después de haber desplazado y desajustado previamente a la defensa. No seguimos abriendo el balón porque tocara hacerlo; levantamos la cabeza, identificamos hombres disponibles en el lado cerrado y atacamos lo que el rival había dejado. Durante el torneo también hemos visto varias salidas desde campo propio jugando a la mano que no acabaron en pérdidas absurdas, sino en situaciones provechosas. Eso también es orden: saber cuándo puedes asumir ese riesgo, cómo hacerlo y qué necesitas alrededor.

Queda mucho camino porque seguimos arrastrando inercias. Ha habido carreras individuales, aceleraciones sin apoyo real y momentos en los que alguien ha querido resolver por su cuenta una situación que probablemente pedía otra cosa. A veces sale y da réditos, pero otras veces nos ha costado puntos. Venimos de un rugby acostumbrado a que muchas situaciones se resuelvan desde la genialidad individual y cambiar eso es un proceso larguísimo. Pero que nadie confunda dificultad de ejecución con falta de propuesta. Los rivales estaban en muchos registros un escalón por encima y cuesta llevar las ideas al campo cuando el otro te aprieta. Iberians puede jugar mejor o peor, acertar más o menos, pero hay una propuesta ordenada y bastante clara. Y desde ahí se puede empezar a construir.

Creo que hay un aspecto que no se pondera lo suficiente, o que directamente ni se tiene en cuenta y que considero capital para construir los cimientos sobre los que crecer. El rendimiento lineal. Puede haber días buenos y malos, pero hay una tendencia que creo que es muy interesante e ilustrativa. Desde la M20, pasando por Iberians y acabando en el XV del León, estamos navegando por un rendimiento mucho más lineal y menos dientes de sierra durante los partidos. Está claro que los desplomes contra equipos superiores en segundas partes o los malos partidos que se enmiendan con un arreón  están ahí, pero creo firmemente que hemos crecido muchísimo en cuanto a mantener un tono medio mucho más homogéneo durante los 80 minutos, y eso es fruto de ser equipos mucho más ordenados. Puede gustar o no, puede ser más o menos brillante, pero creo que es reseñable

6. UNA MELÉ SOLVENTE Y UNA TOUCH QUE VUELVE A GANAR RIQUEZA

En melé no veo una evolución especial que reseñar entre el primer partido y el último. Pero eso no quiere decir que el rendimiento haya sido malo, al revés. Hemos mantenido  un nivel bastante solvente ante un reto enorme. Globalmente hemos presentado una melé compacta, capaz de aguantar y, en determinados momentos, de tener incidencia directa en el partido, con el mejor ejemplo frente a Cheetahs. Ante tres franquicias sudafricanas no es una cuestión menor. Se ha sufrido, evidentemente, pero la melé no se ha convertido en un agujero que terminara condicionando todo lo demás.

Donde sí hemos vuelto a dar un paso adelante es en touch, sobre todo en complejidad y riqueza de opciones. Veníamos de una sensación de cierta simplificación en la selección absoluta y aquí se ha visto un repertorio bastante más amplio, especialmente en los lanzamientos dentro de la 22 contraria, que es allí donde se puede materializar el rendimiento directamente en puntos. Hemos trabajado mucho sobre el último saltador, obligando al rival a mantener a sus últimos hombres pendientes de la disputa y evitando que puedan dedicarse demasiado pronto a defender la situación posterior. Desde ahí se han buscado canales inmediatamente posteriores, balones en ventaja hacia atrás y distintas maneras de sacar el balón.

También hemos visto touches sin levantamiento, jugando sobre el primer o segundo hombre del alineamiento, especialmente contra Pumas y Griquas, mientras frente a Cheetahs se utilizó algo más el patrón clásico de salto y levantamiento. Se han empleado jugadores desde dentro de la propia touch para atacar inmediatamente tanto el espacio entre el primer hombre, el ala y la línea lateral como el primer canal exterior. No todo ha salido, pero sí ha habido variantes e intención de mantener en alerta a toda la defensa rival.

La efectividad ha sido alta y tampoco hemos abusado del touch maul, en parte porque las circunstancias no siempre invitaban y porque empujar un maul desde muy lejos también supone gastar energía que hay que administrar. Y hemos estado igualmente bien defendiendo los mauls rivales, especialmente esa tendencia actual del maul ancho: en bastantes ocasiones hemos conseguido estabilizar el empuje casi desde su origen y a partir de ahí trabajar bien. Globalmente, melé solvente y una touch que, para mí, ha estado en el notable alto. Esperemos que parte de esa riqueza pueda trasladarse al XV del León en noviembre.

7. EL PIE NO HA SIDO PROTAGONISTA, Y CUANDO LO HEMOS UTILIZADO HA DEJADO BASTANTE MARGEN

Iberians no ha construido excesivamente su juego a partir del pie durante esta Tbilisi Cup. Salvo momentos concretos, y especialmente el partido ante Cheetahs, la propuesta ha pasado mucho más por conservar, circular y atacar a la mano que por utilizar la patada como elemento estructural. Cuando apareció el pie corto, principalmente a la espalda de la primera cortina defensiva y con Cittadini como protagonista, sí produjo situaciones interesantes e incluso puntos, pero fue un recurso demasiado localizado como para convertirlo en una de las grandes conclusiones del torneo.

Donde sí hemos estado por debajo de otras ocasiones ha sido en el juego aéreo. Hemos ganado menos disputas, las estructuras de persecución no siempre han sido buenas y tampoco hemos ofrecido una cobertura especialmente sólida cuando la recuperación no llegaba. Ante Cheetahs, de hecho, una de esas situaciones terminó costándonos un ensayo. No basta con colocar el balón en el aire: hay que llegar bien a la disputa y, sobre todo, estar preparado para defender lo que ocurre si el balón no acaba siendo nuestro.

Tampoco el pie largo ha tenido demasiada precisión. Tanto en patadas a touch después de golpe como en salidas desde campo propio se quedaron dentro demasiados balones que podían haber encontrado la línea. No siempre hubo un castigo inmediato, pero sí se concedieron posesiones relativamente sencillas a equipos a los que no interesa regalar demasiadas oportunidades de volver a jugar. Más que hablar de un pie corto bueno y un pie largo malo, la conclusión es otra: el pie no ha tenido demasiado peso en el juego de Iberians y, en los registros en los que sí apareció con más frecuencia, especialmente disputa aérea, persecución y precisión del pie largo, hay margen claro de mejora.

8. ALGUNOS NOMBRES SALEN CLARAMENTE REFORZADOS

Más que hacer un XV ideal o una lista de mejores del torneo, interesa ver qué jugadores salen de aquí con mayor peso dentro del proyecto. Tani Bay es un jugador sobre el que ya se han glosado bastante sus virtudes y también sus defectos, pero en este torneo ha destacado especialmente por una cosa: su capacidad para continuar la jugada. Cuando aparece una ruptura tiene una facilidad enorme para volver a ofrecerse, acompañar y convertir ese apoyo en metros o directamente en ensayos. Dentro del sistema es una pieza demasiado valiosa como para no cuidarla y esta vez se le han dosificado algo más los minutos, que probablemente sea el camino. Tenemos que tener claro que el reparto de minutos con Infer o cualquier otro nueve, tiene que ser, como mínimo, el que ha habido en el torneo. Así potenciaremos sus virtudes y mitigaremos sus defectos, que se acentúan mucho con la sobrecarga de minutos. Y dejaremos, sobre todo, ventana para el sustituto, en este caso un Infer que cumplió de sobra.

Delante, Lucas Santamaría, Vicente Boronat y Valentino Rizzo han rendido a un nivel altísimo en los contactos desde registros diferentes. Rizzo ha cumplido bastante bien con lo que se le pide a un ocho, ganando metros y generando desorden, especialmente fino en las salidas de melé, priorizando primero el intervalo y fajándose después para terminar de avanzar. Boronat ha estado tremendamente activo en defensa y ataque, apareciendo mucho y dando continuidad, mientras Santamaría posee un físico muy por encima de buena parte de nuestros primeras líneas, tanto para dar el impacto como para recibirlo y seguir jugando después. Y además es un pilar que puede estar disponible habitualmente; si sostiene este nivel, es un activo importantísimo.

También destacaría a Ignacio Piñeiro, muy activo y comprometido en defensa, uno de nuestros mejores limpiadores en ataque, con capacidad para recircular y volver a aparecer, trabajador hasta más no poder y además bastante solvente en touch. Es de esos jugadores cuyo trabajo puede llamar menos la atención que una ruptura o un ensayo, pero sostiene muchísimas cosas. Piñeiro no es un destacado ball Carrier, pero sabe estar siempre muy cerca de la jugada vaya a donde vaya. Puede repetir muchos esfuerzos seguidos y es un perfil, móvil y trabajador, que no nos sobra.

En tres cuartos, Alvar Gimeno continúa las muy buenas sensaciones de julio. Seguro en el placaje, muy ajustado en la presión y fundamental otra vez para generar verticalidad. Esta vez no ha tenido tanto peso en la carga de balones aéreos porque tampoco hemos utilizado especialmente bien ese registro, pero ha sido un bastión tanto de inicio como saliendo después.  Gimeno hace honor al  axioma: si la delantera no consigue darte metros, necesitas un 12 capaz de fabricarlos. Él los fabrica. Ha tenido alguna carrera demasiado lateral y alguna decisión discutible, pero el cómputo global es muy bueno y a partir de sus avances hemos podido construir posesiones de calidad.

Y Martiniano Cian ha vuelto a demostrar el peso que puede tener desde el ala. Esta vez lo hemos visto quizá en un registro más clásico, más ala posicional y definidor que esa especie de multiherramienta que puede aparecer por cualquier zona, pero las sensaciones siguen siendo muy buenas. Tiene evasión, puede modificar la trayectoria una vez lanzado y posee una aceleración que le permite explotar ventajas relativamente pequeñas. Es adaptable tácticamente y eso siempre suma.

9. IBERIANS SIRVE, PERO NECESITA CONTINUIDAD

Más allá de los resultados, esta gira vuelve a dejar claro para qué tiene que servir Iberians. No únicamente para competir o llenar determinadas fechas, sino como laboratorio de exigencia para la selección: trabajar lanzamientos, automatismos y estructuras, sí, pero sobre todo hacer crecer a ese núcleo de jugadores que podemos tener disponible de manera habitual. Porque en nuestras circunstancias la base de la selección son estos jugadores. Los profesionales que están fuera pueden elevar muchísimo el techo, aportar calidad diferencial y poner la guinda, pero para construir durante todo el año necesitas trabajar sobre los que tienes.

Por eso da algo de pena que ahora vayamos a estar prácticamente un mes sin competir hasta la ventana de noviembre. Después de tres partidos en los que el equipo ha ido creciendo, esta inercia merecía continuidad, algún partido más que permitiera seguir afinando y llegar a noviembre sin tener que volver a arrancar. Es seguramente una de las cuestiones que deberían intentar corregirse en próximas temporadas, porque este tipo de minutos son precisamente los que hacen crecer al jugador.

Y además entramos ya en el último año antes del Mundial. Volverá inevitablemente el runrún de mirar fuera, buscar jugadores y tratar de cubrir o casi alquilar aquellas posiciones en las que pensemos que no tenemos suficiente. Algunas incorporaciones serán necesarias y otras podrán mejorar muchísimo al equipo, pero esta Tbilisi Cup también demuestra algo: si somos capaces de poner regularmente a nuestros jugadores a competir a este nivel, cada vez será menos necesario agarrarnos a cualquier opción exterior simplemente porque venga con una etiqueta profesional. Los que están fuera deben venir a mejorar espectacularmente lo que tenemos, no a sustituir el trabajo que no hemos hecho dentro.

10. ESTE ES EL ESCALÓN EN EL QUE TENEMOS QUE VIVIR

Y esa es probablemente la gran conclusión. Iberians necesita enfrentarse regularmente a este tipo de equipos. Tbilisi no puede ser una experiencia excepcional que recordemos durante seis meses, sino una parte normal de la preparación. Está bien jugar alguna vez contra un nombre grande o aparecer en un escenario importante, pero para crecer necesitamos batirnos aquí, contra equipos profesionales que nos obliguen a resolver durante ochenta minutos problemas que están  por encima de nuestro nivel habitual.

Por poner una cifra, aunque sea discutible, necesitamos diez o doce partidos de este calado al año fuera de las ventanas de la selección. Es dificilísimo montar algo así, evidentemente, pero ese tendría que ser el objetivo. Poder dar continuidad a la Tbilisi Cup, a la cita sudafricana prevista para junio de 2027 y a cualquier otro bloque competitivo parecido sería mucho más útil que acumular únicamente concentraciones y esperar después que el ritmo aparezca cuando llega el primer partido serio.

Porque la propia Tbilisi Cup nos ha enseñado también eso. El equipo llegó trabajado, con pretemporada, concentraciones y preparación física, pero aun así necesitó los propios partidos para crecer dentro del nivel de exigencia. Pumas nos obligó a aprender algunas cosas, contra Cheetahs aparecieron respuestas y frente a Griquas vimos muchas de ellas ya bastante más consolidadas. El siguiente paso consiste precisamente en que esa adaptación no tenga que producirse durante la competición, sino que lleguemos con ese ritmo ya metido en las piernas, en la cabeza y en los pulmones.

Ahí es donde Iberians puede subir al mismo tiempo nuestro suelo y nuestro techo. El techo porque cuanto más acostumbrados estén estos jugadores a vivir en este ritmo más cosas podrán producir; y el suelo porque la selección dependerá cada vez menos de que aparezca una solución exterior para poder competir. Los que lleguen desde fuera seguirán siendo importantísimos, pero la base estará preparada para sostener al equipo.

No necesitamos enfrentarnos a equipos grandes simplemente para decir que hemos jugado contra ellos. Necesitamos instalarnos en este escalón hasta que deje de parecernos extraordinario.

 

Texto: Víctor García / Fotos: FERugby

 

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