NOVEDADES

Cheetahs-Iberians (19-22): Meritoria victoria en el segundo reto del torneo

 


El rival: Cheetahs no era Pumas

La primera diferencia respecto al partido anterior es también la más evidente: Cheetahs no era Pumas, ni por momento competitivo ni por el equipo que presentó en Tbilisi.

Conviene hacer aquí una pequeña precisión. Cheetahs había terminado incluso por delante de Pumas durante la fase regular de la Currie Cup: segundo frente a tercero. Pero la fotografía al acabar la competición fue diferente. Pumas ganó 52-26 a Cheetahs en la última jornada, volvió a derrotarle 27-24 en semifinales en Bloemfontein y terminó disputando la final frente a Griquas, donde cayó 23-16. Iberians se encontró en su primer partido, por tanto, con un Pumas prácticamente en continuidad con el equipo que acababa de ser subcampeón de la Currie Cup.

El Cheetahs de Tbilisi tenía otro propósito. La propia franquicia había planteado esta gira para dar minutos a jugadores que regresaban de lesión, probar jóvenes, integrar nuevas incorporaciones y aumentar su profundidad de plantilla. Sólo una parte reducida de los jugadores con mayor protagonismo en la Currie Cup estaba presente y, además, Frans Steyn volvió a realizar numerosos cambios para enfrentarse a Iberians. No significa que estuviéramos ante un equipo sin nivel. Seguía siendo Cheetahs y seguían siendo jugadores profesionales pertenecientes a su estructura. Pero sí ante un equipo mucho menos hecho, con menos continuidad colectiva y con una finalidad evidente de desarrollo y evaluación.

Y eso se notó. También hay una diferencia importante en el tipo de rugby. El Cheetahs que vimos se alejaba bastante del canon sudafricano que había representado Pumas unos días antes. Y aquí hay que hacer otro matiz: no parece simplemente una consecuencia de esta convocatoria experimental. Desde la llegada de Frans Steyn existe una intención bastante clara de conservar el tradicional rugby ofensivo del Free State y combinarlo con estructuras más modernas. El propio Steyn ha hablado incluso de la necesidad de contener en determinadas circunstancias la tendencia natural de su equipo a jugar demasiado y buscar constantemente amplitud.

Eso es precisamente lo que apareció ante Iberians. Cheetahs no buscaba sistemáticamente concentrar delanteros alrededor del eje, encadenar dos o tres colisiones y solamente después sacar el balón fuera. Su voluntad era mucho más expansiva desde fases bastante tempranas.

La distribución de los delanteros era compatible durante muchas secuencias con un 1-3-3-1, pero más interesante que ponerle nombre a la estructura era observar cómo utilizaban esos hombres. El primer pod de tres sí tenía una función bastante reconocible de impacto: atacar la línea, generar una colisión favorable y fijar defensores. Pero el segundo grupo ya aparecía con mucha mayor variedad. En bastantes ocasiones estaba filtrado con algún tres cuartos que los relanzara y podía actuar como receptor, como distribuidor o simplemente como señuelo para jugar por detrás y continuar llevando el balón hacia fuera. Y los dos delanteros situados en los extremos permanecían realmente descolgados, ocupando anchura y preparados para intervenir cuando el balón alcanzaba esos canales.

Por eso, salvo determinadas situaciones, Cheetahs raramente necesitaba encadenar muchas colisiones consecutivas de delanteros antes de volver a jugar. Evidentemente hubo excepciones. Cerca de las zonas de 22 apareció un juego mucho más directo y en su segundo ensayo, por ejemplo, sí consiguió relanzar dinámicamente a sus delanteros y encadenar cargas con bastante eficacia. Pero esa no fue la tónica general. Lo habitual fue utilizar una primera carga como punto de partida y conservar muchas más posibilidades en la siguiente fase: volver a jugar directo, distribuir desde el segundo pod, jugar por detrás o continuar hacia el exterior. No eran dos pods pensados simplemente para hacer dos cargas antes de abrir.

El problema estuvo en la ejecución. Cheetahs acumuló muchas imprecisiones: errores de transmisión, balones caídos y pérdidas en contacto que cortaron secuencias que podían haber tenido continuidad. Ahí sí parece tener bastante más peso la coyuntura de este equipo “experimental”. La intención estaba mucho más clara que su capacidad para repetirla con precisión.

Defensivamente ocurrió algo parecido. Tampoco vimos aquella presión brutal alrededor del punto de encuentro que había mostrado Pumas. Cheetahs intentó durante muchas fases adelantar al 13, cerrar rápidamente el exterior y orientar el ataque nuevamente hacia dentro, pero la subida de la línea no fue especialmente intensa ni, sobre todo, demasiado coordinada. Cuando Iberians conseguía jugar hacia atrás, superar esa primera presión y sacar el balón fuera, aparecían con relativa frecuencia situaciones de igualdad e incluso de superioridad en los canales exteriores. No porque Cheetahs careciera de una intención defensiva reconocible, sino porque las diferentes partes de esa defensa no siempre avanzaban juntas.

Y tampoco las fases estáticas generaron una superioridad permanente. Cheetahs comenzó mejor en melé, pero Iberians fue equilibrando progresivamente esa batalla hasta terminar obteniendo incluso golpes de castigo a su favor. En touch fue un equipo solvente, pero tampoco encontró una plataforma dominante desde la que controlar el partido.

En resumen, la idea de Cheetahs no era experimental; experimental era, en buena medida, el equipo encargado de ejecutarla. Había una propuesta ofensiva reconocible, expansiva y bastante alejada del tipo de desafío que había planteado Pumas. Pero también un equipo todavía poco ensamblado, impreciso con balón y con problemas de coordinación defensiva. Eso explica una parte de la enorme diferencia entre ambos partidos. Sólo una parte.

Defender gastando menos

Si hay un cambio defensivo claro respecto al partido contra Pumas es, para mí, la economía de hombres alrededor del punto de encuentro.

El partido fue, en general, bastante loco. Mucho ritmo, bastantes imprecisiones, situaciones de ida y vuelta y muy poca acumulación de fases. Apenas hubo posesiones largas y estructuradas durante muchos minutos. Y precisamente dentro de ese contexto es donde mejor se puede ver que Iberians utilizó mejor los hombres.

Contra Pumas daba muchas veces la sensación de que cada carga nos iba comiendo jugadores. Uno placaba, llegaba otro, aparecía un tercero y cuando querías darte cuenta habías gastado demasiados hombres alrededor del ruck y empezaban los problemas fuera. Aquí eso cambió bastante. También es verdad que el duelo físico estuvo bastante más equilibrado. No quiere decir que Iberians dominara el contacto, porque no fue así, y todavía hubo cargas de delanteros sudafricanos donde se concedieron metros. Pero sí hubo más responsabilidad individual en el placaje y, sobre todo, menos necesidad de mandar gente de más para resolver cada acción.

Muchas veces bastaba con el placador y un hombre inmediatamente alrededor del punto de encuentro. Y ese segundo jugador tampoco iba necesariamente a pescar. Muchas veces simplemente aseguraba una de las salidas, molestaba, amenazaba y permitía que el resto siguiera de pie. La pesca se buscaba cuando estaba realmente ahí. Si aparecía un tercer hombre y había una situación clara de ventaja, entonces sí. Pero no se gastaban jugadores por sistema en cada ruck.

Y eso cambia muchísimo una defensa. Porque si tienes uno o dos hombres como mucho comprometidos alrededor del suelo, el resto puede seguir trabajando. Puede bascular, puede recircular, puede llegar al otro lado y acompañar la circulación del balón. Eso es justamente lo que hizo Iberians durante muchos minutos. Cheetahs movía muchísimo la pelota, mantenía delanteros abiertos durante prácticamente todo el partido y buscaba constantemente el exterior. Pero Iberians llegaba. A veces sufriendo, a veces concediendo metros, pero llegaba con hombres.

Eso permitió que muchas situaciones exteriores se defendieran en igualdad e incluso con superioridad. También ayudó a estar mucho más vivo sobre las líneas de pase. Pau Aira, Mateu y otros jugadores exteriores estuvieron muy activos cada vez que aparecía un pase hacia atrás poco tenso, una transmisión algo flotada o una decisión más arriesgada.

Ahora bien, aquí tampoco conviene pasarse con la conclusión. Esta defensa funcionó también porque Cheetahs fue exageradamente expansivo durante muchas fases del partido. No insistió demasiado cerca del eje y rara vez enlazó muchas cargas consecutivas de delanteros, salvo en situaciones concretas, principalmente cerca de 22 o cuando encontraba mucha inercia. Si Cheetahs hubiera decidido acumular dos o tres fases más de impacto antes de abrir, probablemente el examen habría sido distinto. Por tanto, sí hay una mejora defensiva, pero también hay que entender contra qué tipo de ataque se produjo.

Y todavía veo un problema que creo solucionable y ayudaría mucho. Iberians sigue siendo una defensa más reactiva que condicionante. Se mueve bien, bascula bien, se reorganiza bastante bien y responde con eficacia cuando el rival empieza a mover el balón. Pero le falta elegir mejor dónde apretar.

Y principalmente, para mí, eso está en las primeras plataformas de impacto rival. No estamos hablando de querer defender como Sudáfrica ni de convertir cada fase en una subida salvaje. Hablamos de apretar un poco más determinados primeros pods, intentar que el portador no llegue tan cómodo a la colisión y, sobre todo, dificultar que el rival pueda generar desde ahí una salida demasiado limpia.

Porque gran parte de los problemas posteriores posiblemente nacen ahí. Si ese primer pod de delanteros gana metros, coloca rápido el balón y permite una salida limpia, el ataque ya empieza a jugar con velocidad. Y entonces eres tú el que empieza a perseguir la posesión. Un balón rápido no significa automáticamente una superioridad. Eso ya lo hemos hablado muchas veces. Pero sí facilita que aparezca, porque da menos tiempo a reorganizarse, permite atacar antes a la defensa y aumenta las opciones en la siguiente fase.

Por eso no debería existir ninguna contradicción entre pedir menos hombres alrededor del ruck y pedir más presión sobre determinadas plataformas de impacto. Son momentos distintos. La idea sería mantener esa economía después del placaje, pero intentar condicionar algo más lo que pasa antes de que se forme el ruck.

Contra Pumas cada colisión parecía ir consumiendo defensores. Contra Cheetahs, Iberians consiguió gastar mucho mejor los hombres. Ahora falta que esa defensa no sólo sea buena siguiendo y reorganizándose, sino que en determinados momentos sea capaz también de condicionar desde dónde y a qué velocidad empieza a jugar el rival.

Atacar leyendo lo que había

En ataque también hubo una corrección bastante clara respecto al partido contra Pumas.

No fue un partido limpio. Hubo errores de manejo, alguna pérdida en el suelo y acciones que no terminaron de salir. Pero creo que Iberians conservó bastante mejor y, sobre todo, utilizó mucho mejor los recursos alrededor del punto de encuentro.

Se buscó caer rápido, asegurar con poca gente y sacar el balón. No acumular tres o cuatro jugadores en cada ruck ni juntar puntos de encuentro muy próximos simplemente por repetir cargas. Y también hubo una mejora en las propias plataformas de impacto. Se atacó bastante más el intervalo y bastante menos el bulto. Cuando el contacto no era claramente ganador, al menos se llegaba generalmente con una posición algo más baja y más favorable para que el primer apoyo pudiera limpiar con facilidad.

Porque no todos los contactos tienen que ser ganadores. Si no rompes la línea pero caes bien, presentas rápido y el primer apoyo puede limpiar sin necesitar dos jugadores más, has conseguido igualmente una buena plataforma para seguir jugando. Ahí sí creo que hubo una corrección respecto a Pumas: menos choque frontal por sistema y mejores condiciones para garantizar la siguiente salida del balón.

Santi Ovejero estuvo bastante eficiente en este sentido, principalmente gestionando algunas pelotas comprometidas en campo propio. Y me gustó también muchísimo la actividad de Valentino Rizzo y Vicente Boronat durante todo el partido, tanto en ataque como en defensa. Los dos buscaron mucho los intervalos. No fue cabezazo por cabezazo. Si había espacio entre defensores se intentaba entrar ahí.

También es verdad que Cheetahs invitaba bastante a jugar de esa manera. Su presión alrededor del punto de encuentro no era especialmente fuerte y tampoco había una subida suficientemente homogénea de los tres cuartos. Muchas veces bastaba con sacar el balón hacia atrás, superar esa primera línea y encontrarse con jugadores exteriores que todavía tenían tiempo y espacio.

Por eso tampoco hizo falta tirar constantemente de señuelos, automatismos o movimientos excesivamente sofisticados. Muchas veces la ventaja ya estaba allí. Y creo que esto merece la pena recalcarlo, porque jugar vivo, jugar rápido y buscar mucho el exterior no significa necesariamente estar jugando de manera desordenada. A veces sí. Pero otras veces simplemente significa haber leído bien lo que tienes delante. Y eso es tan importante como disponer de un buen catálogo de movimientos.

Iberians hizo una buena lectura de bastantes situaciones. Cuando Cheetahs recirculaba demasiado rápido hacia el abierto, se volvió varias veces sobre el cerrado. Y cuando los sudafricanos dejaban desprotegidos los pies del punto de encuentro, jugadores como Bay o Rizzo encontraron metros casi simplemente llegando, levantando la cabeza y atacando ese espacio. No hacía falta fabricar algo que la defensa ya te estaba dando.


 

Algo parecido ocurrió con los cambios de posesión. Daba bastante igual que el balón viniera de un robo, de una pérdida de Cheetahs o de una pelota suelta. La tendencia general fue intentar jugar inmediatamente. No hacer una fase de transición para ordenar de nuevo todo el ataque y entrar después en estructura, sino atacar directamente.

Evidentemente hubo excepciones. Cuando la recuperación se producía muy cerca de nuestra zona de ensayo aparecía una respuesta mucho más clásica: asegurar, agrupar, preparar la salida y jugar al pie. Pero en el resto del campo la idea fue bastante clara: si Cheetahs estaba desordenado, no darle una fase para que dejara de estarlo.

Y eso también ocurrió desde tercera cortina. Iberians es un equipo al que cuesta bastante encontrar completamente desguarnecido atrás. La recolocación es buena y eso permitió que muchas recepciones de patadas acabaran con intención de contraatacar a la mano. Hubo devoluciones al pie, claro, pero la tendencia fue intentar jugar bastante de lo que caía.

Eso también ayuda a entender el carácter del partido: mucho ritmo, bastantes imprecisiones, cambios de posesión, situaciones de ida y vuelta y pocas acumulaciones largas de fases. Iberians aceptó ese partido. Y dentro de ese ritmo estuvo bastante cómoda.

Ahora bien, dentro de todo ese juego más vivo también empiezan a aparecer algunas cosas estructuradas que me parecen interesantes. Una de ellas es quitar a Cittadini de la primera recepción. Yago Fernández e Iñaki Mateu aparecieron como primeros receptores en diferentes situaciones. Yago incluso algunas veces como primer distribuidor para enlazar con delanteros. Eso permite que Cittadini pueda aparecer desde una segunda capa y atacar cuando la defensa ya ha tenido que tomar una primera decisión.

Y detrás de todo esto creo que empieza a identificarse bastante claramente una intención: Iberians quiere generar alrededor del canal del 12. Ahí parece buscarse la primera manipulación importante de la defensa para, a partir de ahí, decidir si se juega directo, por detrás o se continúa hacia fuera.

La jugada desde melé que comentábamos es un buen ejemplo aunque termine mal. Yago ataca hacia el hombro interior en el canal del 10 como dummy runner, Mateu recibe atacando el 12 y trata de dejar el balón hacia atrás para la entrada de Cittadini. La transmisión falla y la jugada muere. Pero la idea se ve. Primero obligar a decidir a la defensa en ese canal y después hacer aparecer al apertura desde atrás atacando un intervalo diferente.

Hay un buen tempo en bastantes de estas acciones. Se reconoce lo que se pretende hacer. Lo que todavía falta es precisión alrededor de esa primera manipulación: mejores carreras interiores y exteriores que acompañen al receptor, algo más de calidad en algunas transmisiones y, sobre todo, que esa segunda capa entre con el timing adecuado. Porque si el jugador que recibe por detrás llega un poco tarde, la ventaja que habías conseguido delante ya ha desaparecido. Pero la secuencia empieza a reconocerse.

Y luego estuvo el pie ofensivo. Cittadini estuvo especialmente bien con el pie corto, y además bastante coordinado con las carreras alrededor de esas patadas.

El mejor ejemplo es el ensayo de Martiniano Cian. Cittadini recibe prácticamente en el centro del campo y coloca un pequeño chip por encima de la primera cortina. John Wessel Bell llega desde atrás, recoge y fija. La continuidad termina con Bay, que vuelve a romper, es placado y consigue jugar desde el suelo para que Cian cierre una muy buena acción ofensiva. Y ahí hay algo importante. No es sólo una buena patada. Hay jugadores esperando esa patada.

Cerca del descanso vuelve a aparecer el mismo recurso dentro de 22 contraria. Otro pequeño chip por encima de la primera línea y Mateu atacando el espacio. Sólo un bote bastante puñetero termina impidiendo una acción que tenía muy buena pinta.

Donde estuvimos bastante menos finos fue con las patadas cruzadas. Y no tanto por el golpeo como por la persecución y la estructura posterior. En una de ellas apenas comprometemos la recepción. Y otra termina costándonos un ensayo porque no llegan suficientes hombres rápidos para acompañar al jugador que disputa el balón. Cuando perdemos esa pelea queda una situación bastante fea: jugadores rápidos de Cheetahs atacando un costado donde Iberians tiene fundamentalmente delanteros.

La patada ofensiva no termina cuando el balón sale del pie. Hay que perseguirla, competirla y estar preparado también para defender si no se recupera. Ahí todavía queda trabajo.

En general, quizá lo que más me gustó del ataque de Iberians fue precisamente eso: no intentar demostrar todo el rato que tenía una estructura, sino saber cuándo utilizarla y cuándo simplemente jugar lo que estaba ofreciendo Cheetahs.

Mejor conservación, menos hombres gastados en cada ruck, mejores posiciones de contacto, más búsqueda del intervalo, contraataque tras recuperación, buena ocupación de tercera cortina, primeros receptores distintos del 10, intención bastante clara de generar alrededor del 12 y un pie corto que produjo daño. Hubo errores y todavía falta precisión en varias de las cosas que se intentan, pero esta vez sí se vio bastante bien qué quería hacer Iberians y, sobre todo, cuándo merecía la pena dejar de hacer lo preparado y simplemente jugar.

Fases estáticas: plataformas y riqueza de lanzamiento

En fases estáticas creo que también se está recuperando bastante riqueza.

La melé fue, de hecho, uno de los factores diferenciales del partido. Iberians empezó ligeramente dominado por Cheetahs, pero fue corrigiendo y acabó sacando varios golpes de castigo. Buena posición de entrada, trabajando bastante bien de abajo arriba y consiguiendo incluso levantar literalmente al paquete sudafricano en varias ocasiones. Y eso frente a un equipo sudafricano no es precisamente un detalle menor.

La última imagen es casi la mejor: Iberians sacando un golpe de castigo en melé en el tramo final, con el partido completamente abierto, y materializando la victoria con el tiro a palos derivado de la infracción sudafricana. Puede sonar a tópico, pero frente a estos equipos sigue teniendo bastante sentido: si tu melé está bien, normalmente el equipo está bien. Y en eso Iberians lo estuvo. El Pack español entró muy bajo, muy compacto, trabajó bien de piernas y con un buen empuje levantó y arrastró a la melé sudafricana. Como mandan los cánones de una buena melé.

También me gustaron las salidas desde esa plataforma. Valentino Rizzo estuvo especialmente bien, con salidas verticales, buscando intervalo y cumpliendo bastante bien con lo que debe ser una salida de ocho: ganar metros hacia delante antes de pensar en cualquier otra cosa.

Y desde melé también vimos ya movimientos algo más elaborados, como esa utilización de Yago Fernández como primer receptor para hacer aparecer después a Mateu y liberar otras zonas del ataque. Ahí se empieza a notar la mano de Raúl Pérez. No tanto por una jugada concreta, sino porque hay más riqueza de lanzamiento.

Y en touch tuvimos otro de los grandes bastiones del partido. En defensa molestamos bastante el lanzamiento de Cheetahs, identificamos bien varias de sus opciones y también conseguimos contener con bastante eficacia sus intentos de touch-maul. Pero fue en ataque donde volvimos a ver cosas realmente interesantes.

El otro día ya hablábamos de aquel lanzamiento dejando libres primer y último hombre para jugar corto sobre el primero. Esta vez la touch nos da directamente dos ensayos y además deja alguna píldora bastante buena de hacia dónde se está intentando llevar el lanzamiento.

Cerca de 22 seguimos teniendo una tendencia bastante reconocible a trabajar sobre la parte final del alineamiento. Y tiene lógica. Cuando amenazas con saltar sobre las últimas torretas obligas a los últimos hombres de la defensa a estar pendientes de ese salto. Durante ese instante quedan mucho menos disponibles para reaccionar sobre una posible salida inmediata por el canal 1.

El primer ensayo nace precisamente de una acción muy bien preparada. Hay amenaza de salto al fondo y Matthew Foulds, que estaba situado en una de las últimas posiciones y había amagado con participar como levantador, termina desprendiéndose del alineamiento. El lanzamiento sobrepasa prácticamente toda la touch y llega directamente a sus manos.

La impresión es que la jugada podía estar preparada para un balón interior a Valentino Rizzo, que también había salido del alineamiento y entraba cortando la carrera diagonal de Foulds. Ahí puede haber una pequeña desincronización o simplemente una lectura de la defensa de Cheetahs, que cierra bien ese interior.

Foulds no fuerza nada. Contacta abajo, genera un ruck rápido y Lucas Santamaría vuelve a poner el balón en juego sobre la carrera de Vicente Boronat. Ensayo.

Y hay una cosa que me gusta especialmente de esa secuencia: prácticamente todos los jugadores que intervienen vienen de formar parte de la propia touch. Saltadores, levantadores, hombres que se desprenden del alineamiento... La touch no termina cuando se recibe el balón. Todo el bloque pasa directamente a formar parte del lanzamiento ofensivo.

El segundo ensayo vuelve a llegar desde una touch sobre la última torreta. Cheetahs salta para disputar, Iberians asegura el balón y empieza a avanzar. Pero la defensa sudafricana no se recoloca suficientemente rápido y Boronat detecta que prácticamente no tiene oposición delante. Se gira, se desprende de la plataforma y entra en ensayo.

Otra vez lo mismo: leer lo que pasa y no ejecutar la jugada porque sí.

Y hubo otra touch en la primera mitad que no termina en ensayo pero que me pareció especialmente interesante porque se sale un poco de nuestro patrón habitual. Dentro de 22, con Cheetahs muy pendiente de nuestra amenaza al fondo, Iberians salta esta vez sobre la primera torreta.

Mientras la defensa se desplaza hacia atrás, Valentino Rizzo, que estaba situado dentro del alineamiento, se desprende de la touch y ataca directamente el intervalo que se genera. Rizzo entra rápido y conecta con Ovejero, que desde su posición de talonador está corriendo prácticamente pegado a la línea de cal. La defensa consigue resolverlo, pero el movimiento genera sorpresa y vuelve a enseñar algo que me parece importante.

No estamos utilizando la touch sólo para garantizar posesión. La estamos utilizando para manipular defensores y empezar a atacar desde el propio lanzamiento. Y eso, unido a la solidez en melé, me parece probablemente una de las mejores noticias del partido. Las fases estáticas dejaron de ser simplemente una manera de poner el balón en juego. Empezaron a ser una verdadera plataforma para atacar.

Valoración final: poner la victoria en su sitio

Y al final toca poner la victoria en su contexto. Porque ganar a Cheetahs tiene mérito. Bastante. Estamos hablando de una estructura completamente profesional, perteneciente a la Currie Cup, una competición que sigue siendo uno de los grandes viveros del rugby sudafricano y mundial.

Ahora bien, tampoco hemos ganado al mejor Cheetahs posible. Frans Steyn ya había explicado el sentido de esta gira: recuperar jugadores, probar incorporaciones, dar minutos a gente menos habitual y aumentar la profundidad de plantilla. El equipo que se encontró Iberians tenía bastante de desarrollo y menos continuidad colectiva que el Pumas del primer partido. Eso hay que decirlo.

Pero una cosa es contextualizar y otra buscarle coartadas a la victoria. Ese mismo Cheetahs había derrotado a Lusitanos unos días antes y sigue siendo un equipo profesional, con jugadores insertos en una estructura de alto nivel. Ni inflar el pecho más allá de lo necesario, ni buscar coartadas ni pedir perdón por ganar.

Iberians ganó porque leyó bastante bien el partido. Hubo errores, imprecisiones, momentos de ida y vuelta y alguna fase de cierto descontrol. Pero reducirlo a que fue simplemente “un partido loco” sería bastante injusto. Debajo de todo ese ritmo hubo orden, hubo mejor gestión de los hombres, mejores contactos, mejor lectura de los espacios, variedad en el lanzamiento y una capacidad bastante mayor para jugar lo que el rival iba ofreciendo.

Falta precisión, claro. Hay movimientos que todavía no terminan de salir, segundos receptores que llegan tarde, persecuciones al pie mejorables y una defensa que todavía puede condicionar más las primeras plataformas de impacto. Pero una cosa es que no salga todo y otra que no exista una idea detrás. Y creo que este partido deja bastante claro que hay una idea y empieza a haber también capacidad para salir de ella cuando el partido ofrece una solución mejor.

La derrota frente a Pumas tampoco convertía a Iberians en un equipo incapaz de competir a este nivel. Y esta victoria frente a Cheetahs tampoco significa que todo esté solucionado. Ahora llega Griquas y volveremos a tener otro tipo de examen.

Quizá ahí esté lo más interesante de esta gira: medirnos frente a un entorno competitivo cien por cien profesional, con jugadores acostumbrados a este ritmo, a esta continuidad y a una carga de partidos muy superior a la nuestra. No se trata únicamente de ganar o perder, sino de comprobar qué cosas de nuestro juego aguantan cuando sube el nivel, cuáles todavía no y cuánto nos separa de movernos con normalidad en ese siguiente escalón.

Pumas nos enseñó unas cosas. Cheetahs, otras muy distintas. Ahora tocará Griquas. Y de momento hay una conclusión bastante sencilla: entre el primer y el segundo partido Iberians corrigió bastantes cosas, leyó mejor lo que tenía delante y compitió mucho mejor.

Texto: Víctor García / Fotografía: 

No hay comentarios