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Rumbo a Australia 2027 (VI): El tercer 10 que todavía no existe

 


Con Gonzalo Vinuesa y Lucien Richardis hemos hablado ya de las dos opciones que, a día de hoy, parecen más claras mirando hacia Australia 2027. Dos jugadores diferentes, además. Vinuesa es un apertura más hecho, acostumbrado a dirigir desde el 10, mientras que Richardis sigue creciendo en la posición y añade además esa capacidad para jugar de 15 que amplía muchísimo su perfil.

Pero conviene dejar clara desde el principio cuál es la verdadera preocupación: el problema no es encontrar un tercer apertura para completar una lista. El problema es asegurar un segundo especialista fiable si Vinuesa no llega al Mundial.

Porque quizá el debate tampoco sea exactamente si España tiene que acudir al Mundial con tres aperturas puros. No necesariamente. Hay selecciones que pueden construir perfectamente una convocatoria con dos especialistas y alguna cobertura alrededor. La cuestión, en el caso concreto de España, es otra: llegar a Australia con suficiente profundidad en el 10 como para que una lesión, una conmoción, una sanción o simplemente una rotación no obliguen a empezar a mover piezas por toda la línea.

Una cosa es tener jugadores capaces de terminar veinte minutos de apertura, resolver una emergencia o cubrir una ausencia puntual; otra diferente es saber que puedes darles el 10 de inicio en un partido importante y mantener alrededor prácticamente el mismo equipo. Ahí ya entran la gestión territorial, la salida de campo, la relación con el nueve, el ritmo ofensivo, el juego al pie y, sobre todo, una toma de decisiones constante desde una posición en la que medio segundo puede cambiar una jugada.


López-Bontempo y Mateu: soluciones al puesto

Gonzalo López-Bontempo e Iñaki Mateu son soluciones perfectamente válidas para ocupar el apertura. Los dos pueden mover al equipo, conocen el sistema y tienen capacidad para ejecutar estructuras complejas. No se trata de decir que España no pueda jugar bien con ellos de 10. López-Bontempo ya ha demostrado que el equipo puede competir perfectamente con él ahí y Mateu tiene suficiente lectura, experiencia y conocimiento del juego como para asumir esa responsabilidad.

El matiz está en otra parte. Con un apertura natural aparece una capacidad de generar soluciones desde la propia posición que no siempre nace del sistema. Aguantar medio segundo más, atacar un intervalo que acaba de aparecer, jugar un pase corto después de fijar, cambiar el punto de ataque o abandonar el movimiento previsto porque la defensa acaba de ofrecer otra cosa. No tienen por qué ser grandes acciones. Muchas veces son decisiones pequeñas, casi invisibles, pero terminan marcando la diferencia entre ejecutar correctamente una estructura y dirigir realmente lo que está ocurriendo delante.

Con López-Bontempo o Mateu España puede mantener perfectamente su organización. La duda es si conserva exactamente la misma capacidad para generar soluciones fuera de ella. Ahí Vinuesa y Richardis ofrecen un perfil diferente, más habituado a vivir permanentemente en esa toma de decisiones desde el 10. No significa que unos sepan jugar y los otros no. Es bastante más fino que eso: una cosa es ejecutar muy bien las respuestas que ofrece el sistema y otra ir fabricando respuestas sobre la marcha desde la posición que gobierna buena parte del ataque. 

Y además está el coste de sacar a López-Bontempo y Mateu de donde probablemente aportan más. En el caso de López-Bontempo hablamos hoy, siempre desde mi punto de vista, nunca como opinión categórica, mucho más de un perfil 12-10 que de un 10-12. Como primer centro puede distribuir, jugar directo y chocar con violencia, es un defensor frontal de muchísimo nivel y tiene un pie largo que permite repartir la gestión territorial y salir desde zonas donde la circulación ya está más avanzada. Incluso la propia presencia de un 12 con esa capacidad de pateo modifica la forma en la que el rival puede presionar al apertura.


 

La presencia de Álvar Gimeno puede amortiguar parte de esa pérdida si llega en buen momento, como parece que ha reafirmado en la ventana veraniega, porque ofrece otro primer centro de enorme nivel, pero desplazar a López-Bontempo sigue sin salir gratis. Puedes resolver una necesidad en el 10 y al mismo tiempo quitarte del 12 un jugador que te proporciona distribución, choque, defensa y otra plataforma de juego al pie.

Con Mateu ocurre algo parecido, aunque seguramente el coste se vea todavía mejor desde la versatilidad. Es un muy buen 13, tiene una lectura finísima cuando aparecen espacios y un uno contra uno en campo más abierto que puede hacer muchísimo daño. Ha jugado también de 12 y lo ha hecho bien, puede moverse prácticamente por toda la línea y desde el banquillo permite cubrir una cantidad enorme de escenarios haciendo que el equipo no vea condicionado su plan de juego original

Precisamente por eso fijarlo en el 10 tiene algo de paradójico: utilizas a uno de tus jugadores más versátiles en la posición que probablemente más limita esa versatilidad. Has resuelto el apertura, sí, pero ya no tienes al mismo Mateu disponible para cambiarte el partido desde el 13, aparecer en el 12, cubrir el fondo o permitirte construir el banquillo de otra manera.

Y eso también forma parte del problema. No estamos hablando simplemente de quién puede ponerse una camiseta. Estamos hablando de cómo una decisión condiciona el resto de la convocatoria.  Por eso la diferencia está entre tener soluciones para ocupar el puesto y contar con una alternativa asentada en él. López-Bontempo y Mateu pueden resolverlo. La cuestión es si España debería llegar a Australia dependiendo de que tengan que hacerlo, cuando probablemente encajan mejor en sus posiciones naturales y cuando moverlos obliga a tocar otras partes del equipo.

Y aquí entra inevitablemente Gonzalo Vinuesa. Si vuelve, recupera su nivel y España puede contar con él en Australia, probablemente buena parte de esta discusión termine quedándose casi en una anécdota. Tendrías a Vinuesa, a Richardis y varias soluciones alrededor capaces de cubrir una contingencia.

El escenario que sí me preocuparía es otro: llegar al Mundial sin Vinuesa, con Richardis como única opción asentada realmente en el 10 y, detrás, jugadores capaces de ocupar la posición pero que no sean aperturas habituales o no hayan acumulado suficiente tiempo con España jugando ahí. En ese caso ya no estaríamos discutiendo quién es el tercer apertura. Estaríamos buscando al segundo. Y ahí si que tendríamos que evitar el tener que tomar decisiones precipitadas de última hora. Ya sabemos, tanto en el rugby como en la vida, que la volatilidad de ese tipo de decisiones es alta.

 

Bautista Güemes

Bautista Güemes ofrece una respuesta diferente. Aquí no hay que reconvertir nada ni preguntarse si conoce el puesto. Es apertura, lleva toda una carrera tomando decisiones desde ahí, tiene experiencia internacional con España y continúa dentro del entorno federativo.

Además conserva virtudes de mucho nivel. Güemes tiene una percepción del entorno excelente, toma buenas decisiones y juega fácil. Y esto último no es poca cosa. No necesita convertir cada posesión en una aventura para hacer avanzar al equipo; interpreta bien lo que tiene delante, coloca a los demás y mantiene un muy buen juego con el pie.

La duda aparece más en el plano físico. El Güemes de hace unos años tenía un uno contra uno más agresivo, podía atacar directamente una defensa y generar ventajas por sí mismo con mayor frecuencia. Ese punch ya no parece el mismo y, después de su grave lesión y a estas alturas de su carrera, parece complicado pensar que pueda recuperar completamente algunos de los registros físicos que manejaba temporadas atrás.

Eso no significa que haya dejado de ser una opción. Ni mucho menos. Precisamente por su experiencia, su capacidad para interpretar el partido y su facilidad para hacer jugar a los demás puede seguir ofreciendo una respuesta muy válida si España necesita un apertura de oficio.

No sería extraño que siguiera estando dentro de la conversación hacia Australia. Otra cosa es que, llegado 2027, siguiera siendo la principal alternativa detrás de Vinuesa o Richardis. No porque no tenga nivel, sino porque eso significaría que durante todo este tiempo España no ha conseguido hacer aparecer otra opción.

 

Beau Peart

Beau Peart me parece uno de los nombres más interesantes de toda esta conversación. Se que es posible que me quede solo o casi solo en esta valoración, pero me parece un jugador muy aprovechable y con todavía mucho margen de crecimiento. Nacido en Elche y con pasaporte español, su formación rugbística se produjo fundamentalmente en Nueva Zelanda antes de llegar a El Salvador en 2022. Allí ya tuvo minutos en División de Honor, aunque donde realmente dejó una impresión enorme fue con España M20 en el World Rugby U20 Trophy de 2023.

Marcel Sirvent comenzó aquel torneo como apertura titular ante Hong Kong, pero Peart tomó después la camiseta frente a Kenia y ya no la soltó: fue el 10 ante Samoa y también en la final frente a Uruguay, con Gabriel Rocaríes asentado en el 15. Y la sensación que dejó durante aquel campeonato fue difícil de olvidar. Por momentos parecía un adulto jugando entre chavales, no solamente por físico, sino por la tranquilidad con la que resolvía acciones, su facilidad para jugar y un pie tremendamente fiable.

Después su recorrido no ha sido completamente lineal, pero tampoco ha desaparecido del mapa. De Valladolid marchó para el centro de formación de Montauban, pero su progresión no lo mantuvo en el ecosistema francés sino que lo devolvió a nuestro rugby, concretamente a DHB Élite. En Gernika ha alternado el 10 y el 15, mostrando otra vez un juego al pie muy preciso, facilidad para mover al equipo y una lectura bastante natural de las situaciones. Además ha estado dentro del radar de Iberians, por lo que la Federación conoce perfectamente su perfil.


 

Ahora llega a Ordizia y ahí aparece un examen especialmente interesante. Si empieza bien la temporada, consigue continuidad y se hace con galones desde el 10, no sería extraño que volviera a entrar con fuerza en la conversación. No hablamos ya de imaginar un jugador a partir de cuatro detalles. Hemos visto su nivel con España M20, su paso por División de Honor, su capacidad para jugar de 10 y 15 y sabemos que ha estado dentro del entorno federativo. Hay que tener en cuenta que en Gernika posiblemente jugó con el pack más dominante físicamente de la competición, plagado de jugadores sudafricanos e incluso futuribles mundialistas con Zimbabwe, por lo que hay que ver como se manejará sin una delantera que permita tanto oxígeno al 10 en su toma de decisiones

Es un jugador muy interesante. Ahora toca comprobar si puede juntar todo eso durante una temporada y sostenerlo semana tras semana en una competición todavía más exigente. Talento tiene, si está a la altura estoy seguro de que no se bajará del abanico de futuribles.

 

Agustín Cittadini

Agustín Cittadini merece también bastante más atención de la que quizá recibe cuando hablamos del puesto. Está jugando a un nivel muy alto en Alcobendas y lleva tiempo siendo uno de los aperturas con más jerarquía y calidad de División de Honor.

No es ya aquel Cittadini de Zarautz de 2017 o 2018 que por momentos parecía un hombre orquesta, con una incidencia enorme sobre prácticamente todo lo que hacía su equipo. Aquel jugador pedía muchísimo balón, atacaba continuamente la línea, pateaba, generaba y asumía una cantidad enorme de responsabilidades. Y todavía en su etapa posterior en URA Almería mantenía una amenaza individual muy importante, con mucho peso en el uno contra uno y capacidad para romper por sí mismo.

El Cittadini actual es diferente. Probablemente menos exuberante, pero también más hecho como apertura. Sigue pudiendo mover rápido al equipo, tiene mucho pie, conserva un uno contra uno que obliga a la defensa a respetarlo y, sobre todo, tiene jerarquía. Está acostumbrado a pedir la pelota, dirigir y decidir qué ocurre después, algo que parece una obviedad para un 10 hasta que tienes que buscar uno.

Por eso con Cittadini la pregunta ya no es si tiene nivel para jugar de apertura en División de Honor. Eso lo ha demostrado de sobra. La cuestión es cuánto de todo eso puede trasladar al rugby internacional, donde los espacios desaparecen antes, las defensas llegan más rápido y el margen para corregir una mala decisión es mucho menor. Precisamente por eso es un perfil al que hay que testar. No para descubrir si sabe jugar de apertura, eso ya lo sabemos, sino para saber hasta dónde puede hacerlo un escalón más arriba.

Iberians debería servir también para esto y lo podremos comprobar en la Tblisi Cup que comienza este jueves y que analizaremos a conciencia en A palos. Ahí Iberians puede tener una función importante. No solamente acumular partidos, preparar jugadores para la selección o dar experiencia internacional, sino resolver preguntas. Y una de ellas debería ser ésta: ¿tenemos más profundidad en el 10?

Para saberlo no basta con dar diez minutos a alguien con el partido resuelto. Hay que darle el 10, responsabilidad y balón. Ver si coloca al equipo, si entiende cuándo acelerar y cuándo jugar territorio, si encuentra soluciones cuando el movimiento previsto deja de funcionar y, sobre todo, cómo responde cuando el partido se ensucia y el rugby deja de parecerse al dibujo de la pizarra.

Cittadini y Peart son especialmente interesantes en ese sentido. El primero porque ya ha demostrado de sobra su nivel en División de Honor y falta comprobar qué ocurre cuando subes la velocidad y la exigencia. El segundo porque lleva tiempo enseñando herramientas muy atractivas y puede estar ante una temporada que termine de colocarlo definitivamente en la conversación.

Güemes ofrece otra referencia: la del apertura veterano, con oficio y lectura, que puede seguir dando respuestas mientras se comprueba hasta dónde llegan los demás. Una búsqueda que evidentemente conviene hacer ahora

Todavía queda tiempo. Vinuesa puede recuperarse y volver a ser el jugador que conocemos. Richardis tiene por delante meses muy importantes para acumular minutos profesionales y seguir asentándose como apertura. Güemes continúa ofreciendo experiencia y oficio. Cittadini ha hecho méritos suficientes para ser probado y Peart tiene por delante una temporada que puede resultar decisiva para saber dónde está realmente su techo. Además, Mateu y López-Bontempo seguirán siendo recursos perfectamente válidos si en algún momento hay que solucionar una ausencia.

No es una mala posición de partida. Pero sí creo que España debería intentar aclararla bastante antes de llegar a Australia. Una selección que quiere competir en un Mundial debería poder elegir a su apertura por rendimiento, por momento de forma o incluso por el tipo de partido que quiere jugar, y no descubrir demasiado tarde que la cobertura del puesto dependía de mover jugadores que aportaban más en otros lugares.

Si Vinuesa llega bien, seguramente todo esto tenga mucha menos importancia. Si no llega, cambia completamente la película. Porque entonces ya no estaremos discutiendo quién es el tercer apertura de España. Estaremos intentando encontrar al segundo.

 

Texto: Víctor García / Fotografías: Domingo Torres e IG de Beau Peart

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