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Rumbo a Australia 2027 (III): Nico Infer, un conductor del ritmo

 


Si hay un jugador que permite visualizar el recorrido que pretende construir España desde sus categorías inferiores hasta Los Leones, ese es probablemente Nico Infer. Formado inicialmente en Alcobendas y posteriormente incorporado a Complutense Cisneros, su trayectoria durante los últimos años dibuja una línea prácticamente continua: categorías inferiores, dos Mundiales M20, División de Honor, Iberians y, finalmente, selección absoluta. Y quizá lo más interesante no sea únicamente la velocidad con la que ha recorrido ese camino, sino la transformación del jugador durante el mismo. Infer puede ser considerado uno de los productos más exitosos del último ciclo de trabajo de las categorías inferiores españolas: un jugador que no ha aparecido repentinamente en la absoluta, sino que ha ido quemando etapas y que, en cada una de ellas, ha terminado siendo mejor medio melé que cuando llegó.

Su primera gran aparición internacional llegó en el Mundial M20 de Sudáfrica de 2024, y conviene detenerse en cuál era entonces su posición dentro de aquella selección para entender realmente la dimensión de su crecimiento. España acudió al campeonato con tres medios melés: Javier López de Haro, Nico Infer y Nicolás Gali. Infer no era, por tanto, simplemente el suplente de López de Haro. Ricardo Martinena repartió inicialmente la responsabilidad entre los dos primeros: Nico fue titular en el histórico debut mundialista frente a Francia y repitió con el dorsal 9 contra Gales, mientras López de Haro esperaba su oportunidad desde el banquillo. Posteriormente la jerarquía se invirtió y fue López de Haro quien asumió la titularidad durante la segunda mitad del campeonato, incluida la decisiva victoria frente a Fiyi que aseguró la permanencia española en la élite mundial.

Ese contexto permite medir mucho mejor lo sucedido apenas un año después. En 2024 Infer era uno de los medios melés de aquella selección; en 2025 era el medio melé de partida. Ya aparecían en Sudáfrica algunas de las características que continúan definiéndolo —intensidad, agresividad para atacar los espacios alrededor del ruck, energía para acompañar el juego y una evidente personalidad competitiva—, pero era todavía un jugador por fabricar, bastante más lineal que el actual. Había velocidad e intención, aunque faltaban algunos de los matices que convierten al 9 en algo más que el hombre que acelera la circulación del balón: variar ritmos, seleccionar mejor el receptor, gobernar el punto de encuentro y convertirse realmente en una bisagra entre delanteros y tres cuartos.

Un año después, en el Mundial M20 de Italia de 2025, aquella discusión prácticamente había desaparecido. Infer había pasado de competir por el puesto dentro de una rotación de tres medios melés a convertirse en una de las piezas capitales del sistema ofensivo español y en el 9 de partida de aquella selección. Junto a Lucien Richardis formó una bisagra de enorme nivel y asumió además responsabilidades como pateador a palos. El salto resulta así mucho más significativo: en apenas doce meses había pasado de buscar su lugar dentro del equipo a ocupar una de las posiciones alrededor de las cuales se construía su juego.

Y conviene detenerse en cómo jugaba aquella España para valorar realmente la responsabilidad que eso suponía. La selección M20 de 2025 no se limitó a sobrevivir ante algunas de las grandes potencias mundiales ni construyó su competitividad exclusivamente desde el sacrificio defensivo. España propuso, compitió y desarrolló rugby. Fue una selección extraordinariamente madura para su edad, con un plan de juego reconocible, una toma de decisiones clara dependiendo de la zona del campo y una notable cantidad de trabajo previo detrás de sus posesiones. Había jugadas de estrategia preparadas, buenos lanzamientos desde melé y touch y una voluntad evidente de utilizar la posesión para generar ventajas, no simplemente para conservar el balón.

En ese contexto, la labor de Infer fue capital. Buena parte de aquella claridad debía pasar necesariamente por las manos del medio melé. Era él quien tenía que interpretar cuándo acelerar la salida, cuándo mantener el juego delante alimentando a sus delanteros, cuándo jugar detrás de ellos, cuándo conectar con Richardis, cuándo atacar el lado corto y cuándo ejecutar el lanzamiento previamente diseñado. La madurez colectiva de aquella selección exigía también madurez en una posición desde la que se toman decisiones prácticamente en cada fase, y España confió esa responsabilidad a un jugador que apenas un año antes todavía compartía jerarquía dentro de una rotación de tres nueves.

Por eso su Mundial de 2025 no debería medirse únicamente por los resultados. España terminó sin victorias, pero no fue una selección que simplemente consiguiera mantenerse dentro de los partidos: fue una selección que durante largos periodos consiguió imponer su propia propuesta dentro de ellos. Compitió 33-30 contra Argentina, 35-25 frente a Gales y 37-38 contra Irlanda, pero, sobre todo, lo hizo intentando jugar de acuerdo con una identidad propia. Hubo estructura, hubo lanzamientos, hubo lectura territorial y hubo capacidad para modificar la forma de atacar dependiendo del lugar del campo. Y en el centro de todo aquello estaba su pareja de medios. Richardis aportaba buena parte de la lectura y ejecución exterior; Infer proporcionaba desde la base el ritmo y la conexión que permitían que el sistema funcionase. Aquella España necesitaba algo más de su 9 que velocidad de pase: necesitaba que entendiera qué partido se estaba jugando y qué requería cada posesión.

Ahí quizá se encuentre la verdadera frontera entre el Infer de 2024 y el de 2025. En Sudáfrica vimos las condiciones; en Italia empezamos a ver al medio melé. Ya no era únicamente un jugador intenso, rápido y peligroso alrededor del ruck. Era capaz de ocupar una posición central dentro de un sistema ofensivo elaborado y de asumir responsabilidades en una selección que pretendía tomar buenas decisiones, lanzar jugadas preparadas y competir jugando. España no ganó ningún partido en aquel Mundial, pero Nico Infer salió de él convertido en otra cosa: un 9 capaz de dirigir una propuesta de rugby a nivel internacional.

Cisneros: crecer compitiendo

Ese crecimiento internacional había ido acompañado de su progresiva consolidación en Complutense Cisneros, y tampoco allí tenía despejado el camino. Coincidía con Ike Irusta, otro de los grandes productos recientes de las categorías inferiores españolas y un medio melé que inicialmente se encontraba por delante de Infer en el escalafón, hasta el punto de alcanzar antes el entorno de la selección absoluta. Lejos de quedar bloqueado por aquella competencia, Nico fue conquistando espacio hasta compartir con él una enorme cantidad de responsabilidad dentro del juego colegial.

Su evolución permitió incluso que Cisneros utilizase simultáneamente a ambos, desplazando a Irusta al 10 y entregando a Infer el gobierno desde el 9, todo ello lógicamente favorecido —y en buena medida condicionado— por la lesión de larga duración de Gonzalo Vinuesa, apertura tanto de Cisneros como de la selección española. La final de Copa del Rey de 2026 resulta especialmente ilustrativa: Infer fue titular como medio melé, Irusta apareció como apertura y Nico asumió además el peso del juego al pie, anotando 19 de los 39 puntos de Cisneros en la derrota por 39-40 frente a Alcobendas. Es difícil encontrar una imagen más gráfica de cuánto había aumentado su jerarquía: el jugador que poco tiempo antes todavía buscaba su sitio dentro de la rotación M20 estaba ya asumiendo una parte considerable de la responsabilidad ofensiva de uno de los equipos importantes de División de Honor.

Iberians: el verdadero banco de pruebas

Pero probablemente sea Iberians donde mejor puede medirse el crecimiento de Infer. Y conviene detenerse en ello porque las características de la competición pueden conducir a una lectura equivocada. Iberians fue extraordinariamente superior en varios encuentros de la Rugby Europe Super Cup y consiguió marcadores que permitieron al cuerpo técnico rotar pronto y conceder muchos minutos al banquillo. Podría pensarse, por tanto, que la presencia de Infer durante esas segundas partes queda parcialmente deslucida por el nivel del rival o por entrar en partidos que ya estaban encarrilados. Sin embargo, observar únicamente el contexto supondría perderse precisamente lo más interesante de sus actuaciones.

Infer no se limitó a salir para acumular minutos. No fue un simple pasador encargado de administrar ventajas enormes mientras transcurría el reloj. Acumuló responsabilidades, intervenciones y destellos de verdadera jerarquía. En el estreno frente a Brussels Devils sustituyó a Tani Bay en el minuto 48 y posteriormente firmó dos ensayos. Ante Romanian Wolves volvió a aparecer desde el banquillo y volvió a conseguir un doblete. No hablamos, por tanto, únicamente de un medio melé beneficiándose de la superioridad colectiva de Iberians, sino de un jugador capaz de incrementar esa superioridad cuando entra en el campo, detectando espacios, acelerando la circulación y atacando a defensas que comenzaban a perder organización.

Además, el cuerpo técnico continuó recurriendo a él cuando desapareció la comodidad de los grandes marcadores. Estuvo en la victoria frente a Lusitanos en Jamor, participó en la semifinal contra Delta y formó parte del equipo que conquistó la final. En los encuentros decisivos Tani Bay mantuvo lógicamente la jerarquía como medio melé titular, pero Infer había dejado de ser simplemente el joven al que se concedían minutos cuando el partido estaba resuelto. Se había convertido en una pieza real de la rotación de Iberians, utilizable también cuando había algo importante en juego.

Ese es probablemente el verdadero valor de su paso por la franquicia. El nivel de determinados rivales puede relativizar los números, pero no puede ocultar la evolución del jugador. Infer aprovechó un escenario favorable para hacer exactamente lo que debe hacer un joven que pretende subir un escalón: no limitarse a sobrevivir al nivel, sino imponer cosas dentro de él. Cuando recibió minutos pidió balón, atacó, tomó decisiones y produjo. Iberians no sirvió simplemente para comprobar que Nico Infer podía jugar a ese nivel; sirvió para comprobar que podía empezar a tener jerarquía dentro de él. 


 

El salto a Los Leones

El siguiente escalón llegó extraordinariamente pronto. El 8 de noviembre de 2025, apenas unos meses después de disputar su segundo Mundial M20, Infer apareció desde el banquillo frente a Irlanda A en Butarque. Al tratarse de Irlanda A, aquel encuentro no supuso todavía su primera cap oficial. Esta llegó el 7 de febrero de 2026 frente a Países Bajos, en el Rugby Europe Championship, y tampoco fue un debut testimonial.

Infer sustituyó a Tani Bay durante la segunda mitad y terminó participando directamente en dos acciones ofensivas importantes de España: primero atacando el espacio después de un peel off de Manex Ariceta y descargando para el ensayo de Pau Aira y posteriormente atacando individualmente desde una melé para terminar anotando él mismo. El jugador que poco tiempo antes estaba disputando su primer Mundial M20 ya estaba produciendo en un partido oficial con la selección absoluta.

El término medio: un conductor del ritmo

Si hubiera que situar actualmente a Nico Infer dentro del mapa de medios melés españoles, probablemente habría que colocarlo en algún punto intermedio entre Tani Bay y Kerman Aurrekoetxea. No porque reproduzca exactamente el juego de ninguno de ellos, sino porque reúne características de ambos y las mezcla con una personalidad propia cada vez más reconocible. Infer todavía no posee la capacidad de organización global y medición de los tiempos que ha desarrollado Kerman, ni capitaliza el juego español como Tani Bay, sobre quien recae un volumen extraordinario de decisiones individuales. Pero precisamente ahí empieza a aparecer lo verdaderamente interesante de su perfil: Nico no necesita monopolizar el juego para conducirlo.

Estamos ante un medio melé con muchas aptitudes y difícil de encasillar en una única especialidad. No es un 9 construido alrededor de una gran patada de caja, ni exclusivamente un pasador, ni un medio melé cuya principal amenaza sea la ruptura individual. Tiene elementos de todas esas cosas, pero ninguna de ellas absorbe su juego. Su tendencia natural es otra: enlazar, repartir y proporcionar continuidad al ataque. El Mundial M20 de 2025 dejó muestras bastante claras de ello.

Aquella España exigía mucho a su medio melé. No bastaba con llegar al ruck y sacar rápido el balón. Había que interpretar dónde estaba la siguiente ventaja, decidir cuándo mantener el juego delante con los delanteros, cuándo jugar detrás de ellos, cuándo conectar con Richardis y cuándo abandonar la estructura y atacar directamente un espacio. Infer mostró una buena noción del reparto del juego y una capacidad muy interesante para mover a sus delanteros sin convertir cada posesión en una sucesión mecánica de fases cortas. Sabe alimentar el juego cercano, sabe utilizar a los delanteros como plataforma y sabe reconocer cuándo la ventaja exige sacar el balón fuera.

Por eso quizá sea más preciso definirlo como un conductor del ritmo que simplemente como un medio melé rápido. Su instinto es acelerar y especialmente detrás de una delantera que consigue generar balones rápidos. Ahí es muy bueno: enlaza puntos de encuentro, vuelve a poner inmediatamente en movimiento a sus hombres pesados y obliga a la defensa a reorganizarse constantemente. Pero no estamos ante un jugador que simplemente recoja y pase todo lo deprisa que pueda. Hay lectura detrás, hay intención en el reparto y existe ya una voluntad evidente de conectar las diferentes partes del ataque.

Tampoco necesita ser excesivamente protagonista para hacerlo. Esa es otra característica interesante de Infer. Puede adquirir protagonismo individual —y su capacidad para atacar las inmediaciones del ruck se lo permite—, pero no parece necesitar convertir cada posesión en una decisión propia. Puede gobernar sin apropiarse del juego. Mueve a los delanteros, conecta con el primer receptor y aparece individualmente cuando interpreta que la defensa le ofrece una oportunidad.

Su amenaza alrededor del punto de encuentro añade precisamente otra capa a esa capacidad de conducción. Infer detecta bien defensores que todavía no han recuperado su posición, guardias demasiado abiertos, pilares interiores desconectados o pequeños espacios alrededor del ruck y posee unas condiciones físicas especialmente apropiadas para explotarlos. Su centro de gravedad muy bajo y su capacidad de aceleración hacen que resulte difícil de controlar cuando consigue atacar esos desajustes. Tiene buena evasión y, especialmente, una notable capacidad para sobrevivir al primer contacto: entra bajo, ofrece poco cuerpo al defensor y puede zafarse o, cuando la ruptura limpia no resulta posible, caer hacia delante y transformar una incursión aparentemente pequeña en metros ganados y un nuevo balón ofensivo.

Lo importante es que esa capacidad individual no constituye el centro de su juego, sino una herramienta más dentro de él. Infer no necesita romper para justificar su presencia. Puede pasar varios minutos limitándose a mover correctamente al equipo y aparecer de repente cuando detecta que el defensor interior ha desconectado. Ahí reside parte de su potencial: posee suficientes recursos como para no depender exclusivamente de ninguno de ellos.

También ofrece garantías desde el pie. Es ya un pateador a palos contrastado, algo que ha demostrado tanto con Cisneros como con las selecciones inferiores. Diferente valoración merece todavía su juego al pie desde la base: no se ha prodigado tanto con la patada de caja como para convertirla en uno de los rasgos definitorios de su juego. Tiene calidad suficiente para utilizarla, pero todavía no constituye un arma alrededor de la cual construya posesiones con la frecuencia de otros medios melés.

Defensivamente tampoco estamos ante un jugador que tenga sus aptitudes sin balón como uno de sus principales rasgos, pero eso no significa en absoluto que Infer sea vulnerable. Es correcto en el placaje, acompaña bien las jugadas y muestra una buena predisposición para mantenerse conectado defensivamente. Es además un aspecto todavía en desarrollo y, por edad, experiencia y evolución física, tiene margen para seguir creciendo sin que su nivel actual represente una debilidad identificable dentro del sistema.  

El siguiente paso: gobernar cuando el rival gobierna

El siguiente salto en su evolución deberá producirse fundamentalmente a través del contexto competitivo. Buena parte de su experiencia sénior se ha desarrollado en División de Honor y en una Iberians frecuentemente dominante, escenarios donde ha podido jugar detrás de delanteras capaces de proporcionarle una cantidad considerable de balones limpios y rápidos. Y cuando el balón está disponible, su tendencia natural es utilizarlo. Juega rápido porque puede jugar rápido.

No hay que interpretar eso como una incapacidad para administrar los tiempos. De hecho, el Mundial M20 de 2025 ya ofreció muestras de que entiende cómo repartir el juego, cuándo mantenerlo delante y cuándo modificar el punto de ataque. Lo que todavía necesita es acumular situaciones en las que esa conducción tenga que producirse bajo una presión mucho mayor: partidos donde la delantera rival ensucie sistemáticamente el punto de encuentro, donde tenga que encadenar varios balones lentos, donde no pueda elegir siempre la velocidad de la siguiente fase y donde deba decidir qué hacer cuando el partido no le permite jugar al ritmo que desea.

Ahí se construye una parte esencial del oficio de un medio melé internacional. Porque gobernar el ritmo no consiste simplemente en acelerar o pausar. Pausar cuando existe ventaja y se dispone de balón limpio es relativamente sencillo. Lo realmente difícil es administrar aquello que el partido te permite hacer: conseguir que una delantera vuelva a ponerse en movimiento después de dos fases lentas, distinguir un balón que puede acelerarse de otro que exige reorganización, reconocer cuándo merece la pena insistir delante, saber cuándo jugar detrás e identificar el momento en que una sucesión de fases rápidas está desordenando al rival y cuándo empieza a desordenar al propio ataque.

Infer ya ha enseñado buena parte de esos conceptos. Lo que le falta es comprobarlos y perfeccionarlos durante muchos minutos frente a rivales que intenten arrebatárselos. Y probablemente sea una cuestión fundamentalmente de experiencia. Sigue siendo extraordinariamente joven para una posición cuya lectura se construye acumulando situaciones. Lo importante es que, durante ese proceso, no pierda aquello que ya lo hace diferente. El objetivo no debería ser convertirlo en un medio melé más pausado, sino en un medio melé que sepa exactamente cuándo puede ser tan rápido como quiere ser. 


 

Una realidad camino de Australia

Todo ello explica también por qué Infer resulta especialmente interesante dentro de la actual jerarquía española. Puede actuar como revulsivo, aumentando inmediatamente la velocidad de circulación y atacando a una defensa cansada, pero no es exclusivamente un jugador para convertir el partido en una carrera. También puede ordenar el juego desde la base y devolverlo a una cadencia reconocible. No posee todavía el grado de control global de Kerman, pero tampoco necesita que el encuentro viva permanentemente en el caos para resultar efectivo.

Quizá ahí se encuentre la principal razón por la que encaja tan bien como tercera alternativa. Tiene algo de Tani y tiene algo de Kerman, sin ser ninguno de los dos. No posee todavía el peso específico de Bay ni la capacidad de gobierno de Aurrekoetxea, pero ofrece suficientes elementos de ambos perfiles como para que la estructura española no necesite transformarse completamente cuando entra en el campo. Y al mismo tiempo añade su propia personalidad: ritmo, atrevimiento, aceleración, capacidad de conexión y amenaza alrededor del ruck.

Eso adquiere todavía más importancia teniendo en cuenta la situación de Kerman en Biarritz. Cuando sus compromisos profesionales dificultan su presencia con España, Infer parece haberse establecido ya como segunda alternativa efectiva detrás de Tani Bay. Pablo Bouza tampoco ha abierto excesivamente el abanico en una posición tan importante. Más allá de Bay y Aurrekoetxea, Infer es quien ha ido acumulando una presencia creciente dentro del entorno de la absoluta, con Pablo Pérez apareciendo también dentro de esa carrera. Por eso, salvo una irrupción inesperada, un cambio radical en las jerarquías o una interrupción de su progresión, todo parece indicar que Nico Infer parte actualmente como uno de los tres principales candidatos a ocupar las plazas de medio melé de España rumbo a Australia 2027.

Y todavía tiene toda una carrera por delante. Necesita contexto competitivo, enfrentarse con mayor frecuencia a puntos de encuentro hostiles, seguir desarrollando su capacidad para gobernar posesiones cuando el balón no llega en las condiciones que desea, perfeccionar la elección de sus rupturas, ampliar su juego al pie desde la base y continuar creciendo defensivamente. Pero existe una diferencia importante entre hablar de aspectos por desarrollar y hablar de herramientas todavía inexistentes. En Infer las herramientas ya están ahí. Hay pase, ritmo, amenaza alrededor del ruck, aceleración, evasión, pie, lectura del reparto y una tendencia natural hacia la conducción.

El jugador que ya es ofrece además una certeza importante: Nico Infer se ha convertido en un medio melé fiable. Cuando ha entrado en el campo, España no ha sufrido una caída significativa de prestaciones y en determinados momentos ha ocurrido incluso lo contrario: su aparición ha servido para modificar favorablemente el ritmo del encuentro.

Hay, sin embargo, un matiz importante a la hora de valorar esas apariciones. Hasta ahora, Infer ha actuado con la absoluta fundamentalmente en contextos en los que España tenía, por así decirlo, el viento a favor. Todavía necesitamos verlo cuando suceda exactamente lo contrario: con el marcador cuesta arriba, con el partido escapándose del guion previsto y con un rival capaz de impedir que España juegue en las condiciones que desea.

Pero incluso dentro de ese contexto favorable ha dejado una señal especialmente importante para un medio melé de apenas veinte años: con Infer el partido no se ha descompuesto. Su entrada no ha convertido el juego español en algo anárquico ni ha provocado que el equipo perdiese la estructura que tenía con el medio melé titular. Infer ha conseguido mantener en gran medida la manija de los encuentros en los que ha participado, conservar el orden y continuar desarrollando el plan de juego.

Y eso dice bastante más de un 9 joven que la mera capacidad para proporcionar velocidad desde el banquillo. Habla de capacidad de síntesis, de un jugador capaz de interiorizar las instrucciones del entrenador, comprender qué necesita el equipo y trasladarlo después al campo. Infer puede ser un muy buen brazo ejecutor del entrenador sin convertirse por ello en un jugador mecánico. Tiene personalidad, toma decisiones y añade su propio toque, pero posee al mismo tiempo la disciplina suficiente para desarrollar el plan sin ponerse nervioso ni sentir la necesidad de apropiarse del partido.

También queda una prueba pendiente a nivel defensivo. Necesitamos verlo en partidos internacionales en los que sea el rival quien gobierne, cargue repetidamente sobre el eje y obligue al medio melé a combinar esfuerzos cerca y lejos del punto de encuentro. Partidos en los que tenga que defender después de defender, reorganizarse con el equipo retrocediendo y responder físicamente cuando España no pueda decidir dónde y a qué ritmo se juega. No estamos señalando aquí una debilidad demostrada, sino simplemente un escenario que todavía necesita experimentar antes de poder completar definitivamente su perfil internacional.

Hasta ahora, en cualquier caso, las señales son bastante alentadoras. Infer posee calidad y capacidad de decisión individual, pero probablemente lo más interesante de su proyección sea la posibilidad de desarrollar algo todavía más importante en un medio melé: jerarquía propia y jerarquía colectiva. La primera para tomar decisiones, intervenir y asumir responsabilidades cuando el partido se lo exige; la segunda para conseguir que quienes juegan alrededor de él continúen funcionando como equipo.

Porque quizá esa sea una de las características que mejor empiezan a definirlo: Infer puede adquirir jerarquía sin quitársela al colectivo. Puede gobernar sin monopolizar, ejecutar sin limitarse a obedecer y aportar su personalidad sin obligar al sistema a girar permanentemente alrededor de ella. Todavía necesitamos verlo hacerlo cuando el contexto sea realmente adverso, pero todo lo enseñado hasta ahora invita a pensar que existe ahí material para construir un medio melé internacional de enorme interés.

Hace apenas dos años hablábamos de uno de los tres medios melés de una selección M20, un jugador todavía en construcción que terminó aquel primer Mundial por detrás de López de Haro en la jerarquía. Un año después era el medio melé de partida de una España M20 madura, atrevida y capaz de proponer rugby frente a las mejores selecciones del mundo. Después llegaron la responsabilidad en Cisneros, los minutos de verdadera jerarquía en Iberians y, finalmente, Los Leones.

Ese recorrido permite hablar de Infer como algo más que una promesa. Puede representar uno de los productos de fabricación propia de mayor calado surgidos del reciente trabajo de categorías inferiores del rugby español. Prácticamente todos los escalones que España ha construido durante los últimos años están presentes en su trayectoria y en cada uno de ellos ha sucedido lo mismo: Nico Infer ha salido siendo mejor jugador de lo que era cuando entró.

Quizá esa sea la mejor manera de definir dónde está ahora mismo. No parece un jugador fabricado alrededor de una única virtud extraordinaria, sino algo potencialmente más valioso: un 9 completo en construcción, capaz de hacer jugar a quienes tiene alrededor sin necesidad de convertirse permanentemente en el protagonista del juego.Ya no estamos hablando únicamente de un proyecto, sino de una realidad como 9.

 

Texto: Víctor García / Fotografía: Soraya Sanz. 

 

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