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Pasta

 

Un nuevo escándalo se ciñe sobre los señores del rugby, los mismos que la cuenta de twitter Tier 2 llama "los del blázer", con la aparición del ya denominado "caso Castro". La presunta inelegibilidad de hasta ocho jugadores por parte de Italia sería un escándalo en cualquier lado; pero, seamos claros, en cualquier lado menos en Dublín. Lo que para la araña es normal, para la mosca es el caos, y lo que para el sentido común es una injusticia, para los del blázer no es nada. 

Asumamos ya de una vez que la basura que se esconde bajo la alfombra de World Rugby es alarmante, pero que lo es solo para unos pocos, y no precisamente para quien debería sentirse incómodo con su casa llena de mierda. No es una basura compuesta de polvo y pelusas acumuladas bajo la cama en los últimos años, sino que tiende más a ser un detritus orgánico que habría que colocar en el cubo gris y que espera su reabsorción por la tierra. Lo que pasa es que la reabsorción de tanto residuo orgánico se ha vuelto, precisamente, en lo orgánico del sistema.

Castrogiovanni, Orquera, Del Fava, Dellape, Pez y así hasta ocho nombres de dudosa elegibilidad copan estos días unas redes que arden viendo cómo los trajes ignífugos de hipocresía de World Rugby impiden que se quemen. Que las reglas de elegibilidad son una chusta lo saben hasta los Tier 3 (pregunten a Tahití), pero no pregunten a los Tier 1, y menos a World Rugby, que es lo mismo, porque con ellos no va. Quien hizo la ley, hizo la trampa, solo que aquí huele a que se hizo a la inversa: quien hizo la trampa, hizo luego la ley. La elegibilidad, esa maraña de folios y folios que lo único que justifica es que este sí, este no, este me gusta, lo convoco yo, está demodé. Solo los que no están en la onda, los cutres del Tier 2 y más abajo, esos pobres que tienen que clasificar como el marginado de clase que suplica por una invitación a la fiesta del capitán del equipo de fútbol americano, saben de qué va eso.

Cabría pensar que el caso de Italia, de confirmarse solo uno de los ocho nombres, es un escándalo más de los tapados con mantillo y abono desde World Rugby, pero el significado de los azzurri va más allá. A nadie se le debería escapar que los trasalpinos son, con diferencia, el combinado Tier 1 menos Tier 1. Deportivamente, sus resultados dentro del cortijo no son histróricamente positivos, salvo dos o tres victorias que, inmediatamente, se consideran sorpresas. Italia es Tier 1 por la pasta. Italia es el milagro europeo que necesitó en su día la IRB para romper, mínimamente, con la rigidez de salón de snooker y traje de Willy Fog en el viejo continente y decir "¡qué modernos somos!".

Ay, la profesionalización. Ese concepto que llevaba de facto años en el mundo oval y que alguien pensó que, si además de dejar de ser hipócritas por un segundo, podían ganar pasta, convertirlo en de iure era vital. Por ese motivo, por el económico, y no por otro, Italia está donde los elegidos, ese grupo tradicional de diez combinados de copan con mejor o peor suerte las doce posiciones que dan acceso directo al Mundial siguiente, corrección dublinesa para que, pobres, no tuvieran que acudir al tedio de los clasificatorios porque, ya lo saben, jugar partidos de clasificación es para los feos. Pero oye, ¿y si los rivales que jugaron contra Italia en Japón 2019 reclamasen, en plan retroactivo, sus partidos como victorias y hubiera acabado con Italia como última de grupo? Ay, ay, ay, que volvemos al Pepe Rojo... No va a pasar. 

Este caso (estos casos, mínimo ocho) deberían verse como una llamada a la acción, no para que World Rugby indulte a España por sus múltiples deslices y errores con este tema, sino para que se sancione a todos por igual. Eso es lo que se esconde bajo la palabra "justicis", ¿no? Lo fácil es indultar y quitarse la caspa del blázer; lo realmente difícil es quitarse el blázer y ponerse a currar de una vez en acabar con tanta mierda, con tanto favoritismo, con tanto apartheid, con tanta mirada económica y tan pocas miras cegadas por ese imperialismo británico que yace como el sustrato en un deporte que no dejan que sea universal. En definitiva, que esa falacia de "un deporte para todos" que se intenta vender desde la isla esmeralda sea algo más que una tomadura de pelo formalizada en una diapositiva de PowerPoint, que es a lo más real y tangible que va a llegar, porque nos toman por bobos. 

El rugby en lo único que se ha modernizado es en las camisetas de poliéster, elemento, por cierto, democratizador donde los haya. No busquen más. Esa regeneración que se tiene que plantear en los niveles institucionales para, de verdad, lograr algo, no está en los papeles. No obstante, no pierdan la esperanza: en muchos lugares de España existen parques ahora verdes creados sobre montañas de chabolas y antiguos vertederos. 

 

 Texto  Álvaro de Benito   Fotografía  Fanny Schertzer /Wikipedia







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