World Rugby mea fuera de tiesto
Para la DGT, en España portar un detector de radares en el coche es una infracción grave que se sanciona con 200 euros de multa y 3 puntos en el carné. Si lo que llevas en el coche es un inhibidor, todo sube hasta 6.000 euros de multa y 6 puntos. Da igual que lo uses o no, la infracción consiste en llevar uno de esos dispositivos. Como bien habrás intuido no hablo aquí de seguridad vial, sino de rugby y el reciente anuncio de World Rugby sobre las sanciones impuestas a Georgia, jugadores y staff por el escándalo de dopaje en Black Lion.
Para el máximo organismo internacional en el mundo del rugby lo ocurrido en Georgia entre, al menos, 2019 y 2023 es merecedor de periodos de inhabilitación de entre 9 meses y 11 años para los 6 jugadores identificados y de 9 años para la responsable médica de su federación. Pero en lo relativo a la responsabilidad de la federación georgiana todo queda en una multa cuyo importe no ha sido desvelado y la necesidad de revisar sus formaciones en materia de lucha contra el dopaje.
Probablemente la justificación para perdonar la vida a la federación esté en la insistencia de World Rugby en que el caso no giraba en torno al uso de sustancias para aumentar el rendimiento, sino drogas recreativas. Marihuana y Tramadol, precisan. Dejemos de lado la consideración del Tramadol como sustancia sin efecto en el rendimiento deportivo (Nairo Quintana fue borrado de la clasificación general del Tour de Francia 2022 por dar positivo en ella). Dado que el esquema organizado en Georgia consistía en avisar con antelación de los controles antidopaje y pegar cambiazos de las muestras de orina, sencillamente no hay manera de probar qué sustancias habían consumido los implicados. Se trata de su palabra contra nuestras suposiciones. World Rugby se aferra a las declaraciones de los jugadores como mal menor, como una manera de proteger el deporte. Fueron sólo unos porros, podemos pasar a otra cosa.
Sin embargo el informe dado a conocer esta semana junto a las sanciones incluye información tan relevante como preocupante que hace muy difícil pensar que la trama consistiera sólo en tapar los pecadillos veniales de los Lelos. Por ejemplo, World Rugby explica que entre 2022 y 2023 la doctora de la federación georgiana, Nutsa Shamatava, avisó a un mínimo de 26 jugadores de la selección georgiana de XV de al menos 8 controles sorpresa. Es decir, hay al menos 20 jugadores identificados por World Rugby sin sanción pese a que estaban en el mismo grupo de WhatsApp donde se daba la voz de alarma, que conocían lo que se cocía en el seno de la selección. Y que sabían que se les avisaría del radar móvil llegado el caso. ¿Se entiende ahora la analogía inicial?
Por no hablar de que aunque el grueso de la investigación y los cargos corresponden a 2022 y 2023, se ha podido identificar al menos un intercambio de muestras en abril de 2019: Giorgi Chkoidze ya lo hizo entonces, antes incluso del Mundial de 2019. Y como salió bien, repitió en 2022. No se ha podido identificar quién le dio la orina limpia en 2019, por lo que tenemos al menos otro implicado que se ha ido de rositas. Pero parece claro que los avisos e intercambios de muestras de orina han sido práctica habitual en Georgia en como mínimo dos ciclos mundialistas, 2019 y 2023. Y existían mucho antes de la creación de la franquicia Black Lion o la contratación de jugadores por parte de la federación georgiana. Por cierto, Nutsa Shamatava comenzó a trabajar con la federación georgiana de rugby en 2015, con las categorías inferiores primero y con el primer equipo después. No llegaba de otro deporte, los sacrosantos valores se los inculcó un padre rugbier.
World Rugby y la Agencia Mundial Antidopaje se congratulan de puertas para afuera de haber colaborado para destapar esta trama. Sin embargo la realidad parece indicar que World Rugby hizo cuanto estaba en su mano para amainar el escándalo. Ya es marca de la casa que cualquier controversia intente ser rebajada, especialmente en lo relativo a un tema tan sensible como el dopaje: hablar de sanciones por dopaje o lucha contra el dopaje equivale a reconocer que éste existe en rugby. Y ya saben lo que dicen, intenta no pensar en un elefante...
Lo cierto es que un buen número de federaciones se enteraron del escándalo apenas minutos antes de que la Agencia Mundial Antidopaje decidiera lanzar su nota de prensa sobre la Operación Obsidian. Y lo hicieron porque desde World Rugby se les avisó, deplorando el momento escogido: el fin de semana de resolución del 6 Naciones masculino. Nunca es buen momento para hablar de dopaje, pero aún menos cuando el foco está sobre ti.
Tampoco debió considerar World Rugby buen momento para hablar de ello en pleno Mundial 2023, cuando ya tenía constancia de lo que había estado ocurriendo entre bambalinas en el Cáucaso. No hay más que ver la curiosa sanción a Lasha Lomidze: nueve meses, del 10 de septiembre de 2023, cuando Georgia se encontraba en Francia disputando la Copa del Mundo, al 24 de junio de 2024, días antes de que estallara el caso al ser retirados de la circulación Sharikadze, Modebadze o Lashkhi antes de un test match contra Fiyi.
Lasha Lomidze entregó un frasco con orina de Merab Sharikadze en junio de 2022. En todo este caso, cada cambiazo ha equivalido a tres años de sanción. Menos para él. Resulta sencillo entender por qué. Lomidze fue un pentito, un chivato. Colaboró con la investigación, vio reducida su pena y abandonó Georgia, primero jugando en Rumanía y desde hace unas semanas en Getxo. Los reproches en redes sociales georgianas arreciaron tras la entrevista que Sharikadze concedió antes de su debut en MMA el pasado mes de noviembre... hasta el punto de que otro Lasha Lomidze, nacido en 1992 y no en 2000, debió aclarar que él no era el chivato que andaban buscando.
Así pues resulta evidente que World Rugby disponía de información de qué estaba ocurriendo en septiembre de 2023 y prefirió callar, fuera para proteger a Lomidze, el Mundial 2023, a Georgia o la imagen de este deporte. Pero permitió a los jugadores disputar íntegro el Mundial 2023 (salvo en el caso de Giorgi Chkoidze, víctima de una oportuna lesión en agosto) y el Rugby Europe Championship 2024. En ningún momento pareció plantearse la posibilidad de suspender provisionalmente a los jugadores. Ni siquiera se apartó a la doctora Shamatava, presente hasta las finales del REC 2024 en París.
https://www.rugbyeurope.eu/media/tqtouyfw/game-report-georgia-vs-portugal-on-17-03-2024.pdf
¿Pero por qué iba a proteger World Rugby a Georgia? No hablamos de los All Blacks, de los Springboks, de Inglaterra... Pero sí de una federación que cuenta con voz y voto en el Council de World Rugby, ahí donde se parte el bacalao. Y en noviembre de 2023 se votó la creación del Nations Championship, a favor del cual Georgia votó pese a que reduce considerablemente el número de rivales Tier 1 a los que se enfrentará de aquí a 2032. Curioso, ¿no? Tampoco tuvo excesivos remilgos World Rugby en concederle la organización del Mundial M20 2026, decisión que comunicó en julio de 2025 con todo el pastel más que descubierto.
A raíz del comunicado lanzado por la Agencia Mundial Antidopaje en marzo de 2026 se ha oído algún rumor sobre que Bélgica estaría valorando denunciar allá donde pueda para heredar el puesto de Georgia en el Mundial 2027, como equipo 25 en el proceso clasificatorio. Sin embargo hay razones potentes para que World Rugby no quiera ni oír hablar de perder a Georgia en Australia: en un Mundial ampliado a 24 equipos, con una fase de grupos de nivel diluido, lo último que necesitan en Dublín es perder un equipo competitivo y en gran medida emancipado de las ayudas de World Rugby gracias a las inyecciones económicas de Bidzina Ivanishvili para tener que reemplazarlo por una pobre federación Tier 2 más a la que apoyar para evitar que haga el ridículo. Y por supuesto, unos tienen voto en el Consejo y otros no.
También cabría pensar que, dado que todos los implicados participaban de la franquicia Black Lion, quizá EPCR tendría dudas sobre si conviene o no seguir invitándoles a su Challenge Cup. Excepto porque Turismo de Georgia es uno de sus pocos patrocinadores y la federación georgiana paga más de un millón de euros al año para participar. En definitiva: a nadie le interesa ver caer a Georgia: con las cosas del comer no se juega.
¿Y España en todo esto? Como bien se preguntaba en X el dueño y señor de estos dominios, podríamos quizá reclamar algún título continental dado el largo periodo en el que se ha identificado que Georgia estuvo realizando estos cambiazos de orina y la cantidad de jugadores que se beneficiaron, activa o pasivamente, del sistema montado para evadir controles. Pero no nos conviene.
Primero, porque estamos a otra cosa. España ha clasificado por fin a un Mundial masculino tras 28 años. Estos hipotéticos logros robados corresponden a una directiva y dirección deportiva anteriores a la actual RFER. No gana nada removiendo el pasado. Pero sobre todo, no podemos permitirnos molestar a World Rugby mientras lanzamos una candidatura mundialista para 2035 y 2037.
Pero a ello debemos sumar cuál es la posición de España en este deporte. Parafraseando al gran filósofo contemporáneo Donald J. Trump, formamos parte de los “shithole countries” rugbísticos. Georgia y España la misma mierda son. Georgia era la punta de lanza del Tier 2 europeo, quien reclamaba que se abrieran las puertas del 6 Naciones. Sus desgracias son también nuestras desgracias. Y sus fortunas nos benefician: sin ir más lejos aquellas victorias contra Italia y Gales (logros que Georgia no ha vuelto ni a oler desde 2023...) resultaron en las invitaciones al Festival 6 Naciones M18 de las que los últimos años se ha beneficiado España.
Es absolutamente comprensible el enfado de los aficionados por ver cómo una federación tramposa como Georgia se va de rositas. Realpolitik creo que lo llaman. Pero con quien hay que estar enfadados sobre todo es con World Rugby.
Texto: Valerio Orive / Fotos: Domingo Torres
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